Su mirada fija y penetrante no puede parar de mirarla. Sus ojos se clavan en los suyos, sus manos rozan levemente y solo con las yemas, la palma derecha de su acompañante, su respiración lleva el compás de la suya, y su corazón…su corazón late con una fuerza increíble, dejando ver como su pecho da leves golpecitos arriba y abajo.
Él sostiene un libro en sus manos, ella parece que lo escucha mientras su mirada se pierde poco a poco en el verde jardín que los rodea. A veces lo mira, otras ríe, algunas se entristece… pero él sigue leyendo, sin pausa, manteniendo un ritmo lento, cariñoso y sobre todo un tono muy, muy hondo.
Página tras página, ni un suspiro para descansar, ni un movimiento para estirar las extremidades, ni un pestañeo…total y extrema concentración en el libro que sostienen sus ancianas manos, total y extrema concentración.





