Nuestros relatos

  • ÁzdeliLidot – cap. 3

    ÁzdeliLidot – cap. 3

    Era media tarde cuando todo acabó. En realidad, el señor Fixex se apresuró a regresar a su tienda porque sabía que debía hacer algo, y molesto al no recordar qué, se situó en el centro de la carpa. Miró hacia su derecha y negó taxativamente ante la mesa de trabajo —¡Nada!, —susurró, y lejos de…

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  • Pisando el lugar del crimen

    Pisando el lugar del crimen

    Regresar a donde fuiste feliz es obligación, aparte de frase tan manida como recurrente y ambos epítetos son tal. Manido, muy manido y aún más recurrente y redundante. No me pidan raciocinio cuando la razón me la quito constantemente en este lucha encarnizada entre mi cerebro y mi corazón, ambos dolidos, ambos complementarios, ambos en…

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  • En una caverna prestada

    En una caverna prestada

    No se crea Martinez Ares que él y los suyos son los únicos que habitan una cueva. Para nada. La gran diferencia es que él y sus secuaces voces imposibles usan la caverna como guarida desde la que lanzar al mundo, a su mundo, a Cádiz, dardos envenenados en forma de coplas y piropos más…

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  • ÁzdeliLidot – capítulo 2

    ÁzdeliLidot – capítulo 2

    La señora Tabatha parecía inquieta cuando extendió las alas para dirigirse hacia el señor Fixex. —¿Me permite? —le miró el hombro y el duende le brindó la oportunidad de posarse de inmediato—. ¡Estoy muy angustiada, maestre! Tenga en cuenta que ambas están entre mis mejores swords —y en última instancia, trató de explicar con dudas…

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  • Juguemos pues…

    Juguemos pues…

    Descansaba sobre un estanque, entre lindas celosías. En la glorieta de Luis Montoto, aquella blanca figura femenina invitaba a la relajación. Observándola con detalle, alcancé a ver un libro entre sus manos. Pareciera que el duende de la lectura hubiera repartido por aquellos lugares más recónditos libros y más libros para todo aquél que paseara…

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  • Desayuno con diamantes

    Desayuno con diamantes

    Así me siento, así me encuentro… Ojos e incluso miradas se clavan en mi persona; sí, estoy peinado, duchado y huelo a colonia no barata. Pero no son los ojos y sus respectivas miradas las y los que me inquietan, no… Me hallo en medio de un desierto rebosante, un descampado en manifestación, arrinconado y…

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