
Ella llevaba la luna en el bolsillo izquierdo de su falda floreada. Su alma cantaba un estribillo de una melodía que había escuchado en su vida anterior, cuando era emperadora.
Desde aquellos tiempos hasta estos días, ha olvidado lo que sucedió. Un vacio mental gobierna su estado.
Ahora, se la ve caminar por las praderas recogiendo flores a orillas de los delegados arroyos de Portugal.
