
A veces en vuelo, a veces detenida,
tan rápido como su vuelo
se nos va la vida.
La tomo en mis manos
con sutileza
No vaya a romper
Sus alas, su belleza.
Manuela Sánchez
Rondas bien cerquita, te siento Tu vuelo me atrapó una vez más, mi fiel libélula. Escondámonos en tu hábitat, por momentos, un lindo refugio de paz y calma. Vayamos de la mano como siempre. No dejes de sorprenderme, pues ambas danzaremos.
Patricia Delgado
No echo de menos el pueblo. Allí éramos pobres como ratas. Nos apodaban los libélulas, porque vivíamos cerca del estanque y teníamos los ojos saltones y un cuerpo alargado de pasar hambre. Ingresar en la orden de la Anunciata me ha sacado de ese mundo jerarquizado. La fe ya vendrá.
Calila
I
Sus alas eran sueños, pero la jaula era rosa y sonreía. Le dijeron que volar era peligroso, que mejor adornara vitrinas. La libélula calló… hasta que un día el cristal crujió.
II
La vida la miraba desde arriba, burlona. Ella, mujer-libélula, movía las alas aunque el barro pesara. No volaba aún, pero temblaba el aire.
III
Latiendo en silencio contra el cristal,
Inquieta por un cielo que aún no toqué.
Bajo la luz, mis alas tiemblan,
Éxodo de lo que me retiene.
La libertad no es opción, es instinto.
Un latido, un salto, un adiós.
Levedad que me sostiene,
Al fin vuelo, aunque duela.
Anita
Mientras todos perseguían zapateros por la piscina, yo, nadaba en las olas que, en mí, generaba tu mirada.
Ángel Salgado I
Ya lo dice el refrán, zapatero a tus zapatos…aunque aquí se los hayan arrancado.
Ángel Salgado II
Papá!! He cogido un zapatero.
¿Otro ha caído? Lástima que nadie sepa quién es M.Rajoy.
Ángel Salgado III
Volaba sobre la fuente jugando con el chorro caprichoso del agua.
Una ráfaga de viento cambio en sentido del líquido elemento y mojó sus alitas.
El humano que la vió intentó salvarla pero lo único que consiguió fue dejarla sin alas, mientras la libélula gritaba de angustia.
La Renacida
I
Jugar a atraparte: esperarte silencioso, preparar la estrategia y ¡zas!
Lo de arrancarle las alas ya es juego maquiavélico de niños. Y no tan niños…
II
Zapatero a su libélula…
III
Libélula a su zapatero…
IV
Amor mutuo, amor verdadero del que no vuela…
Juanma García
I
Los discursos llovían como confeti: brillantes, ligeros, sin peso. La gente los atrapaba con las manos abiertas, creyendo recoger promesas. Pero al cerrar los puños, solo encontraban aire. Y aún así, bailaban bajo la tormenta, agradecidos de no mojarse con la verdad.
II
Persiguió la libélula creyéndola libre, pero volaba en círculos sobre un lago seco. La atrapó con manos ansiosas, y al abrirlas, no había nada. Solo el eco de likes, humo de apariencias, y una red social más que cosía alas rotas a lo que ya no podía volar.
III
La libélula brillaba en el atril, quieta, clavada por hilos de cobre y oro falso. Los políticos la mostraban como símbolo de futuro, pero sus alas no se movían. Aplaudíamos hipnotizados, sin notar que ya no volaba, solo relucía enjaulada entre palabras huecas.
IV
Prometieron una libélula: ligera, libre, nueva.
La mostraron atrapada entre pinzas de titanio, recubierta de eslóganes.
No volaba, pero brillaba bajo focos y aplausos.
Y nosotros, ciegos de fe, llamamos “progreso” a ese insecto inmóvil, sin ver que era solo chatarra disfrazada de esperanza.
Nemesio Laverde