
La habitación estaba desolada, nadie entraba en ella desde aquel fatídico día en que la pequeña niña habia perdido su vida, sobre la cama aún reposaba el oso de peluche, con la mirada fija en la puerta que permanecía cerrada, esperando su regreso.
Manuela Sánchez
La caseta más llamativa de la feria era la de tiro con arco. Tuvimos que hacer cola. ¡Qué nervios! En mi vida había sujetado un arco tan enorme, me llegaba a los pies. No pude dirigir la flecha, acerté de lleno en el corazón del osito de peluche. Lo gané por pena.
Calila
I
Mi osito de peluche sabe guardar mis secretos aun teniendo orejas que escuchan todo. Sus ojos, botones oscuros, miran siempre más allá, como si entendiera cosas que yo aún no comprendo. Mi refugio de lana, allá donde escondo todas mis lágrimas.
II
Mi oso de peluche, tan suave, tan fiel,
esconde mis desvelos en su piel de miel.
Sus ojos de noche, botones sin voz,
tararean nanas, mis canciones de amor.
III
Cuando el mundo es frío y necesito llorar,
sus tiernos brazos son los únicos que me saben abrazar.
Oh, mi oso pequeño, mi guardián más leal,
en tu abrazo eterno, mis sueños se hacen realidad.
Anita
La sociedad actual es como un oso de peluche con costuras finas: todos lo abrazan buscando consuelo, suave y cálido por fuera, pero vacío en su interior, relleno de apariencias, retazos, huecos ocultos y sin sustancia que lo sostenga.
Nemesio Laverde
I
Aún conservo en casa de mis padres un álbum donde aparece el pequeño Juanmita con su tigre de peluche. No era un oso, pero los recuerdos sí son agradables de abrazar
II
Solo espero que no sufra rotura de cuello como el gadita.
III
¿Perezoso es su apellido? ¿Y precioso lo que vale?
Juanma García
Yo, Fernando, Rey y Santo soy más de lagartos de madera. Perdonen pues las molestias de mi ínfimo manuscrito.
Rey San Fernando
Desde que su humana creció, había pasado por varias casas de la familia, cómo simple adorno. Pero la abuela era distinta. La abuela le hablaba, le preguntaba, se reía con él y le contaba cosas del exterior. Y, por fin, se encontró en casa de verdad.
La Renacida
Tenía ganas de verla. Tocaba visita. Y me encantaba. Sé que saldría triunfante porque me lo había pedido en varias ocasiones. Quiero mi oso de peluche. Y es que vuelven a la infancia, a pesar de sus ochenta años, quizá la mejor de las etapas…
Patricia Delgado
I
Pasó la vida. La desconexión se hizo patente. Aquella niña que jugaba con peluches y muñecas con los que se escondía por timidez, ahora era una joven segura de sí misma, con un futuro claro ante ella. Y ese peluche que tantas cosas había vivido, ahora formaba parte de la cuna de su pequeña. La historia no nos espera, las vivencias siguen sucediendo…
II
Lo que había visto aquella tarde lo dejó paralizado. No sabía cómo ni porqué ni cuándo ni dónde. Pero su vida había quedado atrapada entre sábanas de miel áspera y algodones acartonados. ¿En qué momento pasó a ser tan solo un recuerdo?
III
Lo miraba con añoranza, con felicidad. Recordaba esas noches de tormenta en las que él aplacaba su miedo. Revivía esas tardes jugando al té, cómo le servía como si de una cafetería parisina se tratase.
Aquí tienes peque. Cuídalo bien. ⸺ Dijo ella.
Y así como la niñez dio paso a la madurez, el paso de testigo de la madre a la hija:
Gracias mami, lo cuidaré siempre. ⸺ Respondió sonriente la pequeña.
Rocío C Gómez
Adorable y perturbador.
Mirando mientras duermo.
Entrañable y aterrador.
Abrazando mientras sueño.
Ángel Salgado I
Más dulce que tu mirada, más puro que tu ser.
Ángel Salgado II
Con lo a gusto que estaba de feria en feria…
Ángel Salgado III
El osito de peluche tiene lo suyo, pero la gran estrella siempre fue el perrito piloto.
Ángel Salgado IV