
- f. Término señalado a una carrera.
- f. Fin a que se dirigen las acciones o deseos de alguien.
- f. En el circo romano, pilar cónico que señalaba cada uno de los dos extremos de la espina.
Se percibía una brisa, en breve iniciaría la carrera, saludo al entrenador y a su compañero; respiro tranquilo, estaba bien, nada que una buena disposición no pudiera resolver. Desde que se hizo la operación de rodilla, la recuperación ha sido un hecho y no tenía dudas, llegaría a la meta.
Katy Núñez
Y si dijera que hoy mi meta tiene un objetivo único y exclusivo: echar una buena siesta. Esa donde no exista alarma, donde te pierdas en el tiempo, y que como colofón te despiertes, mires el reloj y caigas en la cuenta, que aún cuentas con una hora más…
Patricia Delgado
I
¿Y tu meta cuál es, el metalenguaje, la metafase o la metamorfosis?
II
El fin justifica los medios si no hay cadáveres metafóricos en el camino, y si la meta no rinde homenaje a sí mismo en su forma anterior, lingüísticamente hablando.
III
Entre la metáfora y el metaverso hay mucha metafísica de por medio… incluso algo de metafona.
Juanma García
En los palabras siempre les hablo sobre la felicidad como meta final de todos mis versos no rimados pero también nos valen metas intermedias que nos hagan sonreír antes del éxtasis final. La clave es ser feliz.
¿Una moneda para vino? Vino (peleón) y se fue quedándose la resaca…
El Mendigo
Un joven soñador emprendió un viaje en busca de su meta: la felicidad.
Superó obstáculos, enfrentó miedos y recorrió caminos inciertos.
Finalmente, llegó a una playa tranquila al atardecer.
Allí, se dio cuenta de que la verdadera meta no era un lugar externo, sino un estado interno.
En ese momento, encontró la paz y la felicidad en su propio corazón.
Manuela Sánchez
I
Meta mía, que te sigo y no te consigo.
Mía meta, que te consigo sin seguirte.
Meta que sin buscarte te hago mía tras sobrepasar la línea de objetivo.
II
Objetivo propuesto y casi conseguido, lleno de sueños y deseos que con ganas conquistaremos. Perseverancia, constancia, paciencia, autodeterminación. Horarios, temarios y bolígrafos. Papeles por doquier, pasito a pasito, aprendiendo. Nadie dijo que la meta fuera fácil, pero siempre merecerá la alegría.
III
Desespero por alcanzarte. Sueño que te conviertes en humo dentro de mi abrazo. Despierto y te veo, a mi lado, durmiendo profundamente. Y, entonces, sé que no tengo que correr más, que la felicidad ha venido para quedarse: he llegado a la meta.
Rocío C Gómez
Con la mirada perdida, el sudor por la frente y el dorsal torcido resbalando por su pecho, Esteban corre por Madrid. No se participa en una maratón todos los días. Él se ha preparado a fondo. Hoy cumple noventa años y nada le impide seguir corriendo para alcanzar la meta.
Arancha Naranjo
Con tanto metaverso, se nos olvidó vivir la vida, que es nuestra única meta.
Ángel Salgado I
Nunca fuiste la meta, «solo» el sentido del camino.
Ángel Salgado II
Correr, sin parar jamás para la meta antes alcanzar.
Correr, sin parar jamás , quizás, nunca llegarás.
Ángel Salgado III
En la carrera de la vida, no hay más meta que el olvido.
Ángel Salgado IV
Si algún día fuiste mi meta y te alcancé, se acabó la carrera, todo perdió sentido.
Ángel Salgado V
Laila corría a todo lo que daban sus piernecitas de niña de 4 años.
En la noche, con mucho miedo entre los «truenos que estallaban».
Sus padres llevaban en brazos a sus hermanos.
Abbas, tenía 2 años y Amid sólo tres meses.
La metralla caía a su alrededor y mucha gente estaba en el suelo con mucha sangre.
Le daba miedo, pero papá le gritaba…
«Cariño, corre!!!
Corre y no mires alrededor!!!»
Laila siguió corriendo hasta que un gran agujero no le dejó correr más.
Se volvió buscando una solución, pensando que papá y mamá le dirían que hacer.
Y, entonces, los vió.
Rotos, destrozados, tirados entre mucha gente tirada, con los ojos abiertos y sus hermanos inmóviles entre sus brazos.
Llenos de heridas y sangre.
Se acercó.
«Papá, papá…¿qué hago papá?»
Papá no contestó.
Hundió su cabecita de rizos negros entre sus manos de niña y pensó: «Ellos han tenido la culpa. Los que tiran las bombas. Estoy solita y ellos han tenido la culpa.»
Una mujer que corría se agachó a recogerla y siguió su maratón con ella en brazos.
Laila gritaba, lloraba,….
«Papá, yo quiero estar con papá!!!»
Y sin dejar de correr, la mujer desconocida le dijo: «¡Vive hoy para vengarlos mañana¡ ¡Qué esa sea tu meta!»
La Renacida
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