Microrrelatos de la cadena oxidada

IPidió un descanso. No sabía que iba a durar tanto… IILas vivencias son lo que tienen: terminas con estragos, pero sereno, dichoso y sabio. IIILa libertad del adolescente se vive…

I
Pidió un descanso. No sabía que iba a durar tanto…

II
Las vivencias son lo que tienen: terminas con estragos, pero sereno, dichoso y sabio.

III
La libertad del adolescente se vive sobre ruedas: excursiones al campo, escapadas sin rumbo. Libertad que marchita, que en los veranos despega. Libertad que se anhela cuando, de mayores, recordamos los tiempos que ya no nos quedan… Todo al ritmo que gira la cadena.

Rocío C Gómez


Encontramos una cadena oxidada en la playa. Alfredo dijo que sin duda pertenecía a un tesoro fenicio, que seguramente la marea había traído. Fantaseamos con que perteneció a alguna princesa, hasta que Laura nos corrigió diciendo que aquello no tenía ningún valor arqueológico y tampoco servía como cadena de bicicleta.

Arancha Naranjo


En la calle desierta, una cadena de bicicleta oxidada yacía en el suelo. Sus eslabones desgastados mostraban señales de abandono y olvido. Pero dentro de esa oxidación, latía el recuerdo de aventuras pasadas y pedaleos veloces. La cadena susurraba al viento, esperando ser rescatada y volver a girar en el camino.

Manuela Sánchez


De eslabones cuadrados o redondeados. Una cadena oxidada en el tiempo. Esa que delimitaba justicia e impartía recato religioso. Esa amarrada a robustas columnas que rodea la majestuosidad de una catedral. Esa que enlaza el ayer y el mañana…

Patricia Delgado


I
La citó…

Ambos quedaron camino del Castillo de San Sebastián, cuando empezara a caer el sol para que el ocaso diera toca suelta al amor.

Él le declaró su amor eterno y le regaló una cadena.

Años después, una cadena oxidada apareció en la arena, en el mismo paseo…

II
Una cadena cayó en la arena, en la arena cayó una cadena…

La que quisiera, quisiera encontrar…

III
Quizás no fuera buena
Seguro que no era la de sus sueños
Oxidada rompió su condena.
Ni princesa, ni sirena,
Y sobre todo sin dueño.
Sin dueño y sin cadena.

IV
Po yo creo que el tamagochi se hartó de esperarte y dejó allí la cadena…

V
Ni me apena ni me envenena… Que también rima con la dichosa cadena.

VI
Encontrártela y pensar lo que habrá sufrido. Su deterioro así lo hace indicar. Oxidada e incompleta. Maldita condena.

Juanma García


“Vivan las caenas», gritaban unos.
«Malditos sean», pensaron después.
Era tarde, parece que lo sigue siendo.

Ángel Salgado I

No habría mayor condena que olvidarme de ti; ni habrá, jamás, cadenas que me aten a ti.

Ángel Salgado II

Encadenado a tu mirada, sin amarres.

Ángel Salgado III

Me dijo, le dijo, oyó, no escuchó… Mensajes en cadena. Manipulación. Ruina.

Ángel Salgado IV

Entresijos familiares
atrapados, ensartados,
en cadenas de pesares
pendiente de ser liberados.

Romper las cadenas
de las impuestas verdades,
huir de las colmenas
que privan tus libertades.

Ángel Salgado V


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