
I
Los rayos del sol ya no llegan igual, se marchó aquella viajera.
Un cubo que ahora guarda escarcha, una playa solitaria.
Desesperanza pasajera.
II
Helados en chocolate caliente.
Toallas en mantas de franela.
Castillos de arena en hielo.
Se convirtieron.
III
Ya solo queda medio camino que recorrer.
Se acabó el año y el verano tendrá que volver.
Calor en la arena, llena de castillos por doquier.
El niño que dejó su cubo, lo volverá a coger.
Rocío C Gómez
Nunca ese tuvo que ser su final, nunca.
El cielo abierto, la mar en calma, la arena húmeda.
Quizás, no fuese tan mal final…
Ángel Salgado I
Tras un día largo, repleto de carreras, tropiezos, risas y alguna llantera, llegó el ocaso. Tocaba recoger para volver a casa. Pero alguien no quería irse del todo, y como agradecimiento al gran día disfrutado, le regalo a la playa el mejor de sus juguetes. Para volver a verse mañana y jugar de nuevo.
Ángel Salgado II
Al partir los amigos estivales, en la soledad del invierno, Julio se acercó temeroso al cubo abandonado y empezó a construir castillos de arena. Sin prisa, sin pausa, sin normas. Hoy firma rascacielos para un despacho de arquitectos. Todos los comienzos son difíciles, el suyo fue solo un juego infantil.
Calila
Esperaba pacientemente, en medio de aquel arenal, mientras pasaban los días y nadie se acercaba a jugar con él. El arrullo de las olas consolaban su tristeza, pero el frío invierno casi helaba su corazón.
Manuela Sánchez
Pobre y solitario ser, que sin tener miedos ni temores tiemblas de frío y desolación. ¿Quién te dejó varado? ¿Quién te abandonó a tu suerte? Contemplas el mar desde tu arenosa trinchera, imaginando cuándo será que vuelvan a usarte para hacer castillos de arena.
Espectro Errante
Así me sentía, en un lugar que no me pertenecía, ahogándome,haciéndome pequeñita, ante una inmensidad ya idealizada, cual cubo en la playa en invierno, sin vida, a la espera de aquello que vendrá…
Patricia Delgado
I
El cubo quedó solo, desteñido frente al mar de enero. Nadie lo reclama. Guarda castillos que no fueron, risas evaporadas. También aprende: incluso en la orilla fría, resistir es una forma silenciosa de crecer.
II
En la playa solitaria, el cubo aguarda. No llora. Sabe que la ausencia también educa. El viento lo pule, el invierno lo madura. Jugar fue un inicio; permanecer, ahora, es su pequeña victoria.
III
Mira al horizonte gris. Ya no hay manos pequeñas, solo sal y tiempo. La soledad no lo rompe: lo convierte en memoria. Y en la arena helada encuentra compañía.
Anita
I
El cubo quedó varado junto a la orilla, sin manos, gritos ni risas. El invierno había desalojado la playa y también la infancia. Solo el viento jugaba con él, recordándole que incluso los juguetes aprenden pronto qué es el abandono.
II
En aquella arena, el cubo miraba al mar como quien espera una explicación. Ya no servía para hacer castillos. El invierno lo convirtió en símbolo: lo que fue juego, ahora es memoria mojada.
III
Nadie vino a llenarlo. El cubo, ladeado, resistía al salitre y al tiempo. La playa vacía lo aceptó como a un igual, como a esa colilla apagada, como esa concha enterrada.
Nemesio Laverde
I
Ni las olas de un mar tranquilo pudieron despertarlo de su letargo. Las lágrimas de un pequeño que se alejaba de la playa volviendo al cemento, aún más frío que la arena, resoplaban y el eco del llanto lo esparcía el Levante con su poderío.
II
Mar en calma, viento silencioso que no despeina, nubes presentas tan calladas y ahí está él, impertérrito viendo como cae la noche y terminará cubierto de fina arena.
III
Playas de invierno, allá donde el silencio inquebrantable madura y se hace importante.
Playas de invierno, oxígeno puro en un tapiz grisáceo que invita a la reflexión.
Playas de invierno, el cubo, las niñas, tú y yo.
Juanma García