
El Betis salió vivo del Carlos Tartiere, pero poco más. Un empate a uno rescatado casi sobre la bocina ante un Oviedo colista que deja más dudas que alivio y que confirma algo que ya empieza a ser evidente: el equipo de Pellegrini atraviesa un bache serio, de juego y, sobre todo, de actitud. Porque no es un día aislado. No se ganó al Oviedo. Tampoco al Girona cuando estaba en descenso. Ni al Valencia, ni al Levante. Cero victorias ante los cuatro peores equipos de LaLiga. Y eso, para un equipo que quiere Europa, pesa. Mucho.
La primera parte tuvo más movimiento de lo que después diría el resultado. El Betis tuvo opciones claras para adelantarse, incluso dos palos uno del Cucho Hernández que pudieron cambiar el partido. Pero también sufrió atrás. Cada vez que el Oviedo cruzaba el centro del campo, había sensación de peligro. Un equipo partido, poco sólido, al que le costaba cerrar espacios y que concedía demasiado para el rival que tenía enfrente. Ni control ni seguridad. Un intercambio que no beneficiaba a nadie… salvo al que menos tenía . Llegó el golpe: gol del Oviedo hacia la mitad de la segunda parte, un disparo raso desde fuera del área que sorprendió a Álvaro Valles, que quizá pudo hacer algo más. Otro mazazo en un equipo que ya venía tocado y que parecía resignado a sumar otra decepción.
El partido continuaba, más de lo mismo. Un Betis lento, previsible, sin colmillo y sin mando. Faltó ritmo, faltó personalidad y faltó alguien que dijera “aquí estoy yo”.Pero apareció el empate casi al final. Lo Celso, tras pase de Antony, puso el 1-1 que al menos evita la derrota. El argentino marcó, sí, pero el gol no tapa su partido: sigue lejos de coger el timón del equipo, aún más evidente en la ausencia de Isco. Antony, por su parte, volvió a dejar una actuación inocua, más ruido que nueces, pese a que las estadísticas intenten decir otra cosa. Pocos se salvan hoy. El Cucho Hernández, una vez más, fue el más constante, el que siempre compite, el que nunca baja del notable.
El empate sabe a poco. Muy poco. El Betis cierra la primera vuelta con 29 puntos, los justos para mantenerse sexto, pero con la sensación de que el margen se estrecha peligrosamente. Si esta sangría de puntos ante rivales de la zona baja continúa, la pelea por Europa será una guerra hasta el final. Pellegrini puede y debe hacer más. La actitud tiene que ser innegociable. El próximo examen, los octavos ante el Elche en casa, será algo más que un partido: será una prueba de carácter para saber si este Betis quiere reaccionar… o seguir dejando pasar trenes.


