Patricia Delgado

  • Esquirlas de Pasión

    Esquirlas de Pasión

    …y captó “La Foto”. De un valor infinito. De un instante mágico y desgarrador en el templo mudéjar de San Esteban. El cimbreo de los varales se sintió culpable absoluto, a pesar de prodigar mimos, el roce se dio, hizo cuanto pudo. La punta de diamante es lastimada, no pudo saltearla, esa diminuta pirámide de…

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  • Azulejos de Olavide

    Azulejos de Olavide

    El taller alfarero de Triana no daba abasto. El Asistente de Sevilla llevó a cabo un gran encargo y la profesionalidad estaba por encima de todo. El tiempo apremiaba y las calles de la ciudad serían bautizadas entre peculiares baldosas. Un proyecto minucioso con un claro objetivo, adecentar la ciudad. Sin duda, crecía desordenadamente ante…

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  • Si me pierdo que me busquen…

    Si me pierdo que me busquen…

    Decididamente estaba loca y me aventuré. Recibí un mensaje privado de un teléfono desconocido que decía: “quisiera sorprenderte, ¿me dejas?”. A continuación una ubicación. Sin creerlo dejé escapar una leve sonrisa. Pero, ¿por qué estaba reaccionando de esa forma? Era absurdo, un auténtico disparate. Alguien que no conocía se dirigía a mí y sin saber…

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  • Siempre a su vera..

    Siempre a su vera..

    Por favor, dejadme ir tras él, aunque caído esté. Dejadme ir a su vera, porque la calma es infinita si voy a su vera. Se abrirá paso por Pureza y toda Triana lo esperará en la puerta. ¡Dime por Dios que provocas, que tienes a Sevilla loca! Quise alentarte en tu caída, y te acompañé…

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  • ¡Silencio! Es el amor que pasa…

    ¡Silencio! Es el amor que pasa…

    Atardecía en el parque de María Luisa. Tres féminas paseaban sin destino determinado y decidieron descansar a la sombra de aquel ciprés, de porte majestuoso, sin duda, sería testigo de excepción de cuánto allí acaecería. Pareciera estar predestinado, digno de contemplar tan bella estampa. Absortas en sus pensamientos mostraban con arrojo su sentir más profundo.…

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  • Vente tras de mí, que a Triana voy…

    Vente tras de mí, que a Triana voy…

    Sin creerlo, aquel habitáculo fue desalojado. Los ruegos de mamá a su primo, dieron su fruto. Dispuesto a cumplir un convincente cambio en nuestras vidas, cual soporte de ilusión, nos cedió gustoso una modesta habitación que hacía las veces de almacén de pintura. Era sin duda, perfecta. Tan solo necesitábamos estar juntas. A costa de…

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