Patricia Delgado

  • “Mañana tienes que llevar al niño a San Benito…”

    “Mañana tienes que llevar al niño a San Benito…”

    Los planos de una cámara, tomaban su figura, sus manos, su perfil, ante una luz tenue. En ese espacio, de oscura claridad, también se encontraba Sevilla, su fiel musa. Unas imágenes salpicadas acompañaban a su sentir, a su voz y unas notas de piano daban profundidad, ya con pellizquito en la garganta.  Quizá una de sus últimas entrevistas donde, de amigo a amigo, Victór…

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  • Entre dos orillas…

    Entre dos orillas…

    Era mi rinconcito predilecto, desde allí contemplaba las dos orillas, perdiendo los vientos por la derecha. Se trataba de una especie de plataforma, de apenas un metro cuadrado, para mí más que suficiente, pues un inmenso mundo estaba sobre mis pies. Cuando acababa las clases, allí apoyaba mi mochila y entre libros y carpetas buscaba…

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  • NO8DO, auténtico sevillano

    NO8DO, auténtico sevillano

    Lo bautizamos “NO8DO”. Ese sería el nombre de pila del robot humanoide. Durante diez días conviviría con Manué, jartible sevillano, con el compromiso de empaparle de la idiosincrasia de la ciudad. Sería su asistente, eso es, lo entrenaría para desafiar las leyes de la ciencia. Entonces Nodo, emulando a la mente humana, se convertiría en…

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  • “…pídeme más…”

    “…pídeme más…”

    Caía la noche y hacía frío en Sevilla. Lucía preciosa, la Navidad se había encargado de pincelarla, de luces y colores. Esquivando al tumulto, algo inviable en la ciudad, quiso la calma adentrarse en sus calles y pasear gustosa, a sabiendas, que la magia rondaba cerca y podría fácilmente caer hechizada, mas no le importaba…

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  • Ha de nacer en Sevilla…

    Ha de nacer en Sevilla…

                  Ante aquella hermosa alfombra de realidad, Gabriel se perdía. Se trataba de blancos lirios, cual pájaros del cielo, así los llamaba el arcángel. En esos instantes hacía su particular recolecta y algo le decía que una buena nueva pasaba de puntillas por esos benditos campos, tan solo tocaría esperar el mensaje de su Dios.…

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  • Sed de ti…

    Sed de ti…

    Me duele confesar que apenas te conocía, aunque sabía de sobra que estabas ahí. Fue el destino caprichoso quien hizo que te cruzarás en mi caminar, e ineludiblemente, me robaste el alma. Quisiste pasar desapercibido, siempre haciendo eco de tu humildad, pero no funcionó, sabes bien que no, era un imposible. A veces, mi aliada…

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