Hacía tiempo que no me encontraba con una noticia de esta índole. Desde los métodos universitarios para caracterizar aquellas alumnas según lo activas que sean usando su preciosa boca y anteriormente el consensuado estudio para demostrar que cuantas más tetas, senos, mamas, ubres (teta que mano no cubre…) y grano (teta que no llena mano….) más larga será la vida del hombre, nada había sido suficientemente llamativo y meritorio, para este guerrero, que lo motivasen a dedicarle el post del día a un tema tan natural y cotidiano como gracioso.
Muchos son los chistes que se han contado sobre los preservativos –Niño, me ha dicho un compañero de trabajo que dónde está el código de barras en un preservativo…he tenido que salir corriendo para evitar una respuesta no deseada. ¿Tú lo sabes? Claro, hijo, claro, en la última vuelta, “picha corta”…
Otro de esos chascarrillos populares dice algo así: Un señor un poco basto entra en una farmacia y le dice al boticario: “¡¡¿me da usted una caja de condones?!!” El señor ataviado con la bata le reprende su comentario y le dice que tiene que pedirlo diciendo profilácticos, que hay señoras mayores y algún pequeño y se pueden sentir ofendidos. EL hombre acepta la regañina y se marcha a disfrutar. A la semana siguiente vuelve al lugar del delito y continúa así: “¡¡Farmacéutico!! Quiero una caja de profilácticos pal nabo…”
Bromas y chistes a parte, el escrito de hoy va dedicado como ya habéis podido comprobar a esos artículos de origen polimérico que tienen aspecto más o menos cilíndrico y terminado en una punta un tanto curiosa…