Una victoria, una banda por febrero, un pasodoble y centenares de versos seguramente imperfectos que hacen de la perfección algo innecesario.
Una victoria cantada un año después; sensaciones, sentimientos y sentencias para acabar muy arriba.
Una banda, la del Capitán Veneno, la de Juan Carlos, la del pueblo que canta espantando sus males por la garganta.
Un pasodoble, inicial, y también una nana, la nana primera de mi hija. Seguro que no tan afinadas las notas como las del Catalán pero con la melodía ajustada en tono para que una cosita de días, escasos meses, se quedara frita junto a su padre.
Si Caminito del Falla, un tatuaje pendiente, una calle pendiente, tanto, como esos miles, millones de versos que nos dejaste pendientes cuando el adiós adquirió nombre de drama.

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