Ante este folio en blanco que se me presenta, acudo a Pablo Neruda, quien decía,

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche”
Porque el valor de lo efímero se hace patente esta semana, cuando reposan tu cuerpo y alma de todo lo vivido. Estás cansado. Y ahora, que los días sacros han volado del almanaque son cuando más los echas de menos. Fuiste feliz, lo fuiste y lo eres al recordar con una sonrisa la Semana de Dios.
Y la daga del tiempo se clava en lo más profundo y te ataca por el camino más corto. Va como fugaz flecha a los momentos en los que no te percataste de que aquello podría ocurrir.
Ahora no eres capaz de mirar hacia abajo, porque por allí pasó Dios mismo, no puedes mirar las calles lloradas de cera que han sido testigos directos de cuando fuiste feliz. Calles alfombradas que cuentan parte de tu historia.
“Pero es que yo la quise y a veces ella también me quiso”
Todo esto demuestra tu amor por la ciudad que te vio nacer. Y bien sabes, amigo, que el amor duele… Ahora rondan por tu cabeza imágenes de palios andando al son de una marcha con su inconfundible tintineo de sus varales que hacían de canción de cuna para que tus sueños echaran andar. Rondan por tu cabeza chicotás imposibles de un misterio que no veías desde el año pasado y como cita anual, allí estabas. Siguen llegando imágenes de nazarenos que pasan por delante y te miran… porque la mirada de un nazareno nunca se olvida, porque es lo mismo que decir que Sevilla te está mirando cara a cara.
Llegan imágenes de tu hija pidiendo estampitas o gotas de un tiempo líquido que quedarán por siempre recogidas en su bola de cera.

Llegan al corazón comentarios, que, al ir cerquita de Dios, los vecinos de su barrio le susurraban a su Cristo. Porque Dios, también caminó entre los más desfavorecidos.
No quieres llorar, pero todos esos recuerdos viven ahora en ti. ¿Y qué me dices de la emoción de ver al primer nazareno?, ¿qué sentiste al ver la luz de la mañana de Domingo de Ramos?, ¿y al acercarte al Dios de San Lorenzo en su besamanos?… ¡Ains, todos esos recuerdos llenarán el baúl de mi alma para irlos sacando poco a poco y saboreando como miel en los labios.
“Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella, porque en noches como ésta la tuve entre misbrazos”
Fueron noches donde ibas en su busca para reencontrarte con ella. Sevilla escribía versos para tú mismo recogerlos en forma de saetas a tu Cristo de vuelta por calle Castilla. Escribía versos hechos en levantás imposibles cuando los cuerpos vienen agotados. Escribía y volvía escribir en las páginas que harán tu historia y se volverán amarillentas con el paso del tiempo. Líneas que te regaló Sevilla y fueron entregadas con amor. Por eso…
“Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido” …

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