
El Betis salió del Bernabéu con una goleada que va mucho más allá del resultado. El 5-1 ante el Real Madrid no fue solo una derrota abultada: fue un partido que el equipo de Pellegrini no supo competir en ningún momento. Y eso, en un escenario como este, es lo que más duele. Puedes perder, incluso puedes salir goleado… pero no así. No desde la apatía, no llegando siempre tarde, no regalando el partido desde la falta de intensidad.
El Madrid, sin Mbappé, encontró en Gonzalo al ejecutor perfecto. El joven atacante firmó un hat-trick aprovechando todas las facilidades que le ofreció una defensa bética superada desde el primer minuto. Los tres primeros goles retratan al Betis de la noche: mal perfilados, sin contundencia, con Natán y Bartra sufriendo en cada acción, incapaces de corregir o anticipar. El Madrid no tuvo que acelerar demasiado. Le bastó con ser serio y vertical ante un rival blando.
Tras el descanso, con el partido ya muy cuesta arriba, llegó un pequeño amago de reacción. El Cucho recortó distancias pasada la media hora y, por unos minutos, el Betis pareció despertar. Incluso rozó el gol en dos acciones que pudieron cambiar el tono del partido: una falta de Lo Celso al palo y un derechazo lejano de Riquelme que también se estrelló en la madera. Fue el único tramo en el que el Betis mostró algo de orgullo. Demasiado poco y demasiado tarde.
Porque la realidad es que el partido del Betis no tiene defensa posible. Fallos individuales, sí, pero sobre todo un problema colectivo: falta de tensión, de carácter y de competitividad. El Madrid volvió a castigar cada desajuste y la goleada terminó de tomar forma sin resistencia real. Llegar mal y tarde fue la constante de una noche para olvidar.
Este Betis de Pellegrini sigue teniendo una asignatura pendiente con los grandes. Esta temporada, cuando el nivel sube, el equipo no ha sabido responder. Y si se quiere competir de verdad en Europa o afrontar eliminatorias avanzadas de Copa del Rey, no basta con jugar bien contra rivales de tu liga. En escenarios como el Bernabéu se mide el carácter. Y esta vez, el Betis no estuvo. Ni cerca.

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