Nadie debería nunca apoderarse de tus miedos, como tampoco nadie debería nunca robarte tu dolor.
Cuando el día se hace tenebroso y la noche más presume de oscuridad, es cuando realmente lo tuyo es tuyo. A tu manera, a tu ritmo y a tu poder sentir.
Aunque duela, sea duro, no haya consuelo que alivie y ningún faro aporte la suficiente luz . Es tu momento. Tuyo es, y tú mandas sobre todo lo demás.
Que no vengan merodeadores del mal ajeno a robar protagonismo, pues ni el protagonismo es tuyo, y ni mucho menos lo será de ellos.
Absurdas conversaciones que saturan el ambiente, viejos casetes mal grabados resonando en reproductores sin batería. No existen pilas recargables, maldito negocio.
Restar, cuando se trata simplemente de estar. Ni siquiera de sumar, porque no hay suma que valga. La resta ya está presente, y el negativo no hace positivo al multiplicar, sobran las matemáticas.
Ver, oír, respirar. Levantarte, abrazar, sentir.
Nada más.
Y si no lo entienden, se repite.
Ver, oír, respirar. Levantarse, abrazar, sentir.
Y al terminar, marchar.

Deja una respuesta