Microrrelatos del coche

Con una sonrisa se levantó,era el gran día y en su casa se sabía.El campeonato de carreras compitióy él sin saber qué era una bujía. Su coche no era el…

Con una sonrisa se levantó,
era el gran día y en su casa se sabía.
El campeonato de carreras compitió
y él sin saber qué era una bujía.

Su coche no era el más veloz.
Como se trataba de un juego,
le pintó llamas de fuego
para que pareciera más feroz.

Y ganó las carreras con carisma,
nadie le ponía más tesón,
salida desde el fondo del salón
y bandera a cuadros en la cocina misma.

Así se divertía de pequeño,
de su imaginación, era dueño.

Ángel Salgado I


Entre el Rocomóvil de los hermanos Macana y el Alambique veloz de Lucas el Granjero y el Oso Miedoso, competía, y de qué manera, con su Compact Pussycat, la gran Penélope Glamour. Mientras Pierre Nodoyuna y Patán intentaban, sin éxito una vez más, amañar la carrera.

Ángel Salgado II


Se cambió el coche de caballos, el lavaero y el patio de vecinos, los juegos en la calle por la vida de asfalto, lo áspero y lo salvajemente fugaz. Una humanidad deshumanizada, una inhumanidad atascada.

Rocío C. Gómez I


El dragón, de dientes plateados y alas veloces, mantuvo extrañamente su forma.

Rocío C. Gómez II


Llamaradas, fuego al derrapar, sin freno…
El día a día en un conductor de su propia vida.

Juanma García I


Tunning, colores estrambóticos y maquillaje, mucho maquillaje para ocultar ciertas realidades que no quieres o puedes afrontar.


¡Vivo en la carretera! ¡Vivo en la carretera!


Esperando, sentado, acomodado, tirado en el sofá mirándote y ni hablas, ni te transformas en robot ni tienes cara. Vaya mojón de Transformer.


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