
Dicen que uno siempre vuelve a donde fue inmensamente feliz, allá donde alguna lágrima ha caído de extrema felicidad.
Ayer, tras cuatro años de aburrimiento, sopor, pena, enfado y mil cosas negativas más que me produce este Sevilla FC, regresé a Nervión, a pisar ese cemento, a pasear por sus dependencias y sentarme donde siempre lo hacía…
Ayer, con desidia y ninguna esperanza abandoné mi sofá, la tele y la radio para vivir en presente, lo que podría ser un nuevo varapalo a nuestras almas, receloso de la alineación, del ambiente y con la negatividad del que espera el desastre.
Con el tiempo justo accedí, con las ganas justas como os decía. Maldito minuto de silencio. Y con el pitido inicial el frío iba desapareciendo aunque algún escalofrío brotaba con cada balón perdido. Solo veía defectos hasta que ayer -porque solo os voy a hablar de momento de ayer-, los canteranos se empeñaron en ganar este partido al menos, dar la cara hasta que se la partieran si fuera preciso.
Con los primeros minutos ya se intuía un partido diferente, unas sensaciones distintas y el equipo daba la cara, con criterio. Incluso con criterio…
Los carrileros avanzaban, los centrales fijaban, el centro del campo trataba y arriba algo de mordiente. Sin lanzar campañas al vuelo porque la negatividad seguía latente, nos anulan un gol claramente legal y ya el frío se desvaneció y el fuego sevillista volvió a brotar como antaño, cuando el orgullo de ser sevillista y ver como once guerreros se mataban por su escudo, por el tuyo y por el mío, nos hacía vibrar.
Las sensaciones eran buenas, incluso muy buenas aunque el sentir que en algún momento…
Y pasó.
Un gol de Robert Navarro me devolvía a la incredulidad, al dolor apagado del que sabía a lo que iba.
Por la insistencia y las ganas del equipo, en el 40, Peque es capaz de anotar un buen gol y poner el empate en el marcador en un minuto fantástico para irnos al descanso. Mientras, la grada se notaba vacía aun estando a rebosar. Todos sabemos lo que hay y los que quieren cantar, susurran levemente cánticos que antaño levantaban un estadio vivo.
De la segunda parte esperaba poco: alguna lesión por sobrecarga, balones perdidos, muchos, y miedo a que en una contra nos cayera el segundo. Pero no. Ayer no era el día porque los Juanlu, Carmona, Oso, Castrín, Kike Salas, Manu Bueno e Isaac no querían. Ayer, los niños de la Carretera de Utrera tiraron del carro desde el pundonor, la lucha infinita, la briega y se dejaron el alma en el terreno de juego. Akor Adams hizo lo que tiene que hacer en el penalti, poniendo el 2-1 en el marcador incrédulo. Se fue el frío para dar paso al calor, al fuego, al abrazo de verdad, al mirar a la grada y abrazarse a distancia, a la sonrisa, a la felicidad, al orgullo contenido que explotó.
Partido ganado. Tres puntos vitales para respirar. Sensaciones de que así y un par de retoques, con la desastrosa plantilla que tenemos pero en una Liga no mucho mejor en 14-15 casos, se podría estar luchando como en aquellas temporadas de Manolo Cardo, sin aspirar a nada pero haciendo que la grada saliera del campo orgulloso de la entrega desmedida de los suyos, de los que portan esa camiseta.
Hoy mi crónica, siempre critica, habla nuevamente poco de fútbol y mucho de orgullo y sensaciones especiales.
PD: No crean que me he vuelto loco. Tengo infinitamente claro, desde hace 4 años, que sobran todos para volver algún día a tener un equipo como aquellos, que la Ciudad Deportiva es un negocio para pagar favores a amistades y que los máximos accionistas y Junta Directiva deben desaparecer ayer, dando paso a alguien o algo que pueda inyectar dinero, fútbol y felicidad.
Gracias ompare por llevarme de la mano.
PD II: ¡Qué bien sientan unas cervezas tras una gran victoria y rodeado de compadres! La familia crece…

Ompare Adela says
25 enero, 2026 at 12:19Pues me alegro de haber contribuido a ese rato de fútbol, que como dices, hacía tiempo no pasábamos, con la suerte que pudiéramos «disfrutar» de un partido que desde la jornada contra el Barcelona, no se daba. Ayer canteranos jugando como hinchas, como bien dice el entrenador, y la grada reconociéndolo, que no es poco. Pundonor, casta y coraje y de momento y con lo que tiene el Sevilla FC encima, me daría por satisfecho en cada partido, hasta que el bucle lleve a un equipo GRANDE de nuevo.
Queridos Reyes Magos, que no tarde por favor.
Seguimos…
Antonio Luis Tirado Moreno says
26 enero, 2026 at 07:47Victoria de nuestra cantera a un equipo de cantera. Hoy debemos de estar orgullosos.