«Abuuuuuu!!!! ¿Dónde estás?», gritaban los niños. «El abuelo ha salido», les comenté. «Jooo, queríamos que nos contase alguna historia de las suyas… y ¿cuándo vuelve?». «Pues ha salido de viaje, así que tardará unos días», les volví a contestar. «¿De viaje?, pero si el abuelo siempre ha estado en su ciudad, él nunca ha viajado ¿no?» «Jajaja«, rompí a llorar de la risa, «el abuelo, pese a querer como quiere a su ciudad, la que le vio crecer, amar y sentir. También ha disfrutado mucho yendo a otras ciudades y conociéndolas»
«¡Que guay!», dijeron con una gran sonrisa y gesto de impaciencia por saber más de su abuelo. «Y ¿a qué lugares ha ido?», «pues ha ido a mucho sitios, no tantos como el Filósofo que siempre fue de culo inquieto», «cuéntanos los sitios en los que estuvo el Filósofo!», me cortaron rápidamente. «¡no!», dijeron acto seguido, «del Filósofo ya nos habló una vez el abuelo, cuéntanos algo de alguien que no conozcamos». ¿Conocéis a MoraDama?, les pregunté, «noo, ¿quién era tito? ¿quién era?, replicaron con estusiasmo. Quién era no, quién es.
Entonces, le conté la historia de una dama cuyas raíces fueron creciendo por lo largo del Guadalquivir hasta llegar a la tierra de La Morada… si quieres saber más pincha y conoce la historia!!
Tengo por costumbre pasear por Sevilla y recordar viejos establecimientos que entregaron su sevillanía al mundo entero y que por una causa o por otra, desaparecieron después de muchísimos años defendiéndola.
En los años 6O, del siglo pasado, “Suena como muy lejano pero está a la vuelta de la esquina”.
Era muy temprano y la mañana estaba despertando del letargo de la noche, cuando sentí un porrazo y rápidamente mi vista se fue al sitio, me acerque al pie de un árbol y vi una cría de palomo que por circunstancias se había caído de su nido.