
Lo sabes de sobra. Te pensaba, aunque escribirte no pudiera.
Era una sensación extraña, ¿cómo pasar sin escribirte? Mis letras siempre fueron un tímido hilo de conexión, cual caprichoso vínculo, ese que está ahí, que no descansa, que se aferra y no decae, incluso se hace más fuerte y engrandece éste, mi sinsentido.
¡Oh mi Sevilla! Pero cuánto te eché de menos. Quizá fue una torpeza de mi parte, dejarte sin querer dejarte. Al fin y al cabo, siempre estuviste ahí. Sin querer te solté de la mano, relegada a otro lugar, desatendiéndote. Mil adjetivos quedaron en el aire, para mis adentros, porque de ti olvidarme, no podría.
¡Sevilla mía! Me regalaste mil momentos a lo largo de estos meses de ausencia y es que me tienes mal acostumbrada. Allá por primavera, paso a paso, me adentrabas en esos gloriosos siete días donde la idiosincrasia florecía entre varales góticos floridos, de blanco plata, de transparencia y luminosidad exquisita, entre capirotes y costales, regalando paz por doquier, entre rezos y plegarias por evitar una llovizna que se atrevía a deslucir tanto y cuánto.
¡Sevilla mía! Cuán cerca te seguí en el recinto ferial, porque un joven adolescente se enamoró de ti y quería bailar su primera sevillana, agarrado a tu cintura. Atrás quedó la calle infierno, sólo te buscaba a ti, luciendo preciosa, vestida de flamenca, con el mejor de tus vestidos entre claveles y lunares. Y cumplió airoso hasta la cuarta y entre susurros te brindaba enamorado uno de tantos te quiero.
Entra idas y venidas, me perdía en tus atardeceres y la melancolía me abrazaba fuerte, desencadenando mis ansias de gritar a los cuatro vientos lo bonita que eres. Por ello y más, necesito disculparme, en ésta mi Morada, de cuánto dejé de decirte en mi leve retirada.
Cuando existe una necesidad, ésta se desata, busca su camino y florece en el más árido rincón. Tan sólo hay que dejar que fluya y vibrar, sintiéndola. De esta forma, humildemente, una se deja llevar y las palabras buscan una conexión, con algo o alguien, y hacen de las suyas para de alguna forma, estremecer un pedacito del alma. Apuesto siempre por este lindo objetivo.
Te extrañé, Sevilla y amén…






