“Ha dicho el Santo Padre…” así empezaba una de las saetas carnavalescas más reconocidas de toda la historia…
Aprovechando la, tan aclamada, visita del Santo Padre (¿Santo? y ¿Padre?…) me pongo en la piel de ese pobre negrito africano, con el estómago inflamado de tanta enfermedad y hambre, o dejando demagogias a parte, en ese padre de familia que suda sangre para llegar a final de mes y dar de comer a sus hijos y sacar un piso adelante.
“Qué fácil es, recordarnos los Mandamientos cuando vive como un Marqués” Usted, Sumo Pontífice, que tiene riquezas hasta en su escudo, para qué viaja a Santiago como un señor, haga usted el Camino completo desde Roncesvalles, para dar ejemplos y demostrar que sus ampollas por el complicado pavés también son humanas. Y duerma en albergues, todos, unos encima de otros, y no como en su avión, que no jet privado, en el que van más de 40 personas entre seguridad, protocolo y babosos…
¿Os imagináis al Papa con estas pintas?
Y después, viajecito para Barcelona, eso sí para hospedarse necesitaba una habitación con internet…lástima que no haya guantes con pinchos en el hotel…
Me vienen a la cabeza decisiones terrenales de Su Iglesia tan divinas como herejes y yo también me pregunto:
“¿porque……….
se le niega entonces la comunión a los retrasaos…
¿porque……….
tantas criaturitas mueren de hambre y desamparaos….
¿¿a quien llama usted asesino??”
Lo siento, señor Ratzinger, o como se escriba su apellido, pero usted el único título creíble que ostenta es el de Jefe de Estado del Vaticano, ni Padre de los Reyes, ni Sucesor del Príncipe de los Apóstoles ni “poyadas” que nos inventemos. Todo lo que haga alusión a Jesucristo y a Su Padre, a usted le viene grande, porque no sos digno sucesor de San Pedro, pero ni usted, ni tantos otros antecesores a los que el mundo ha adorado, no sé por qué.
Al menos, hay señores, muy dignos, que se dedicaron con sus escritos, e incluso su propia presencia en campo de batalla, a evitar batallas y guerras entre hermanos, cosa que hace mucho que se ha olvidado…
“si usted es el Dios aquí en la Tierra…
porque se encierra en ese palacio
usted que sabe de las guerras
usted que sabe de calvarios…”
No me hable usted de fe, usted no. Baje a la Tierra actual, la de la crisis mundial, la del paro, la de las ruinosas hipotecas, la de las guerras porque sí, y no me hable usted de fe y hágale saber a su lacayo Arzobispo de la Metrópoli de Sevilla que no haga reír a un colectivo, solicitando apoyo para promover en las Hermandades (¡Vaya trabajo que se realiza en la sombra…!) el que se salgan curas de sus entrañas…

Hago mías las palabras del excelso poeta gaditano y digo: ”creo en ese cristo tan humilde que murió en un “maero” y creo en su santa madre y que me perdone el cielo que a usted, yo no le creo”.










