Batallas

  • No sé quién eres y te echo de menos

    No sé quién eres y te echo de menos

    Jamás te conocí, creo; no te pongo rostro, no sé si eras alta, baja, delgada, gorda, rubia, morena, pelirroja, simpática, desagradable, introvertida, extrovertida, del Sevilla, del Betis o si por contra odiabas o pasabas del fútbol. No sé si eras buena o mala estudiante, buena o mala amiga, buena o mala hija, buena o mala…

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  • Ahí, así y aquí

    Ahí, así y aquí

    Aquí estamos, sin miedo a mirarte a los ojos y reprocharte cada una de tus palabras, rebatirlas hasta la saciedad, sin cansarnos, sin caer en el agotamiento del que nada tiene que ganar incluso en batallas perdidas. Así, sin miedo a la confrontación, al debate si lo deseas y te atreves, a la batalla. Iremos…

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  • Autopista a la playa

    Autopista a la playa

    Y aquí, desde aquí donde la ciudad culmina su función urbana para dar paso a la vida, las olas se amotinan en la costa con dulce meceo mientras los corazones se dispersan buscando sol, sintiéndolo, disfrutando de cada respiración calmada. Paz. Paz que solo rompe, si a eso se le puede llamar romper, el solo…

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  • Cristales

    Cristales

    Aunque cada cosa depende del cristal con que se mira, el buen vino, siempre en vaso fino. Dichos, refranes y palabrería de barrio a un lado, y aunque ni al agua ni al cristal se le golpea, su fragilidad, la del cristal, es tan elevada como el de la felicidad, me surge una duda: ¿en…

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  • Las lágrimas de una niña

    Las lágrimas de una niña

    Siempre he dicho y me reafirmo en ello, que el que hace llorar a un niño, sin motivo, por caprichos de mayores descerebrados debería tener condena, por suavizar las palabras de este primer párrafo. Guerras, bombardeos, juegos de mayores ricachones, acosos, malos tratos y un sinfín de vicisitudes de esta maldita existencia que pueden provocar…

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  • Cuatro de diciembre

    Cuatro de diciembre

    Cuatro de diciembre… y como el pueblo ya no es pueblo siquiera, aunque cada vez nos acercamos más a uno, los políticos se apoderaron de la bandera, de otra bandera. No bastaba con tener secuestrada la roja y gualda salpicada con lamparones secos de sangre del pueblo, no, había que tratar de secuestrar la andaluza,…

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