Un dibujo enfrente tengo, una imagen que une los lugares más frecuentes por los que piso, vivo y me relaciono. Un dibujo que se mueve en una dirección concreta, de norte a sur y de este a oeste. Hoy ha tocado así.
En ese movimiento me encuentro yo, aunque no me vea en la representación que observo. Solo veo un punto pequeño desde dónde salí hace ya unas horas, existe otro punto intermedio dónde poco a poco voy pasando más horas de las que nunca imaginé. Y existe también el punto final, la meta. El destino fijado desde antes de salir del primero de todos ellos, el objetivo eterno, el de casi siempre.
Hoy toca así, de derecha a izquierda, otro día será en sentido contrario, pero siempre en la misma dirección. Dirección tan frecuente que ya forma parte diaria en mi vocabulario.

Días como hoy te echo muchísimo de menos…
Uno que no está acostumbrado a viajar mucho, no por falta de ganas y sí por ausencia de los billetes necesarios en el bolsillo, cualquier cambio le supone un trastorno bastante importante.
¡Qué poco cuesta hacer feliz a alguien!
Si hace unas semanas os escribí que me rondaba una ilusión que ni me dejaba dormir de noche ni pensar en otra cosa de día, ya os puedo confirmar, porque ya me ha llegado la notificación, que se ha cumplido.