Cierto es que como se suele decir, todos llevamos un entrenador dentro y cuando nos sentamos en el cemento de la grada o en el sillón delante de Gol televisión o Canal plus, cada uno de nosotros tiene un once inicial, unos cambios en la mente e incluso una jugada ensayada en el PRO o en el Fifa que nos encantaría recrear con jugadores de carne y hueso.
Estaremos todos de acuerdo en que Unai sin duda es el que, de todos los entrenadores que existimos, el que más cerca está de la plantilla y el que conoce mejor a los jugadores, fuera de consolas y videojuegos. Pues de todos nosotros, el señor de las coderas, dispone en el terreno de juego el 11 que, a su entender, es el que mejor rendimiento va a dar en función de formas físicas, implicación de los jugadores durante la semana y equipo rival.
Hasta aquí todo correcto, pero ahora es cuando vienen los dilemas a plantear: ¿cómo es posible que todos los entrenadores, la inmensa mayoría sin título de entrenador, vean lo mismo en el mismo momento y el titulado no? Me explico, en el partido del fin de semana con el Levante, todo el mundo pedía a gritos retrasar al portugués Carriço atrás junto con Fazio y meter en el terreno de juego a Iborra. Y todo ello con justificaciones evidentes: la mejor pareja de defensas del equipo, en cuanto a resultados se refiere, ha sido la del espigado y mal central argentino con el portugués y además ganamos en toque y seriedad en el centro del campo con Vicente Iborra, además de los centrímetros que aporta para el juego aéreo en las jugadas a balón parado. Pues nada, el prefirió quitar a Fernando Navarro que estaba haciendo un digno partido y sacar a un Diogo Figueiras que en ningún momento se entonó, pasando toalmente desapercibido.
Este es uno de esos casos evidentes en los que el entrenador a ras de cesped ve una cosa, y el resto de la humanidad otra. ¿A qué se debe esto? ¿Tiene solución? ¿El mundo es listo y el que cobra por ello es idiota, o es que prefiere echarse piedras en su propio tejado? Evidentemente ni es lo uno ni lo otro, por ello dejamos este post abierto a que, queridos entrenadores con y sin título, iluminéis a este analizador de pacotilla que disfruta cuando gana su equipo y sobre todo cuando juega bien.

Al parecer, un ataque de soledad ha provocado que muchos científicos adictos a la cerveza se pongan a investigar sobre el proceso “microscópico” de la cerveza y cómo el gas en su interior se mueve en el seno de tan rico y, normalmente, fresquito fluido.