¿Dónde estás? Que no te veo, que por más que miro a mi alrededor no te encuentro. No estoy seguro, porque te siento, te veo e incluso te intuyo; respiro tu perfume y siento tu piel convertida en recuerdo eterno.
Pasan las primaveras oliendo a jazmines y azahares, que se camuflan con el jaleo y el trasiego diario, sin esconderse y permitiendo a mis otros sentidos disfrutarlos, sin ser para ellos. Aromas y sabores soleados son. Sensaciones perpetuas aferradas a mi alma, alma que florece con la felicidad que el Sol aporta con su calentar.



A los pies de la Santísima Virgen del Pilar, y rodeada de miles de Aragoneses y de peregrinos del mundo entero, que le ofrecen miles de ramos de flores, para que la Señora esté preciosa el día de su onomástica.


Mírame… ¿Qué opinión de mí te haces al contemplarme así? Tal vez la de una mujer bella, delicada, pura, frágil…