
El Betis sacó adelante un 2–1 ante el Utrecht que debería haber sido tranquilo… y acabó siendo todo lo contrario. Hubo victoria, hubo pegada, hubo tramos de buen fútbol. Pero también hubo dos lesiones que lo cambian todo, y un final innecesariamente angustioso por un golazo imposible de Miguel Rodríguez desde medio campo. Una noche extraña.
En una acción fortuita entre Isco y Amrrabat en los primeros minutos del partido dejaba a los dos futbolistas fuera de juego, sobre todo a Isco que posiblemente tenga una lesión más grave y se pierda el derbi este domingo, sin embargo el marroquí dio la sensación que se tuvo que ir del partido por precaución, en las próximas horas se sabrán más noticias.
Aun así, el equipo reaccionó. Se calmó, empezó a mover el balón con criterio y, cuando encontró el ritmo, apareció el de siempre: Cucho Hernández. El colombiano, que está siendo de lo mejor del año, cazó un balón suelto en el área y lo mandó dentro para el 1–0. Gol de delantero que huele el partido y que tira del equipo cuando hace falta.
Con el marcador a favor, el Betis se soltó. Y en la segunda parte llegó el 2–0: Abde, peleón y atrevido, culminó una buena jugada colectiva con un disparo cruzado. Parecía que el partido estaba ya cerrado… hasta que no lo estaba. Porque, de la nada, Miguel Rodríguez soltó un zapatazo desde medio campo que superó a Álvaro Valles y se coló en la escuadra. Un golazo increíble, sí, pero que devolvió los nervios a La Cartuja.
El tramo final fue de aguantar, de cerrar como fuera y de no complicarse. Y el Betis lo hizo. Victoria, 11 puntos, invictos en Europa y quintos en la tabla continental. Lo importante está hecho.
Pero la sensación, siendo sinceros, es rara. Era una noche para disfrutar… y acabó en un “ya veremos mañana”. Isco preocupa. Amrrabat también. Y el derbi llega ya.
El Betis gana, sí. El Betis compite, también. Pero ahora mismo lo que todos miran es la enfermería.









