Quiero que llegue ese momento de nuevo.
Quiero volver a caerme y quedarme tirado en el suelo, mientras la risa me entretiene.
Quiero volver a no recordar nada y que lo que suene en mi cabeza sean tambores de guerras pasadas.
Quiero que suene el teléfono de casa y responder sin saber quién llama.
Quiero volver a quedar contigo y que no haya llamadas perdidas por el camino.
Quiero levantar la mano para que seamos par y jugar esa pachanga entre dos montañas de mochilas.
Quiero volver a ese primer beso, a esa primera mirada.
Quiero verte caminar de espaldas y salir corriendo a darte un abrazo.
Quiero volver llegar a casa y que huela a casa.
Quiero ese pollo frito con patatas, que tanto me gustaba.
Quiero volver a correr por el césped con la camiseta de mi banda alemana.
Quiero salir del estadio y llegar, de bar en bar, hasta Triana.
Quiero ese «buenos días» que me molestaba tanto, pero que me susurraba mi ángel de la guarda.
Quiero volver a madrugar para coger sitio en la biblioteca.
Quiero que las tardes fluyan, y que amanezca varias veces en mitad de la noche.
Quiero volver a no tener más preocupaciones que la de estar despreocupado.
Quiero, aunque sepa que todo es baldío.
Aún así, seguiré queriendo…
El filósofo de Nervión
Aguante
No os podéis imaginar cuántas cosas echo de menos, no pasa ni un solo segundo que no esté pensando en tantas situaciones que se han alejado de mí, y yo de ellas.
Deseando volver a ser, deseando volver a estar. Volver a sentir esos momentos juntos y hasta solo.
Desde hace ya mucho tiempo que nada es como era, nada ocurre como antes, nada se vive de la misma manera. TIC. Ni siquiera el tiempo surca igual el segundero de mi reloj vital. TAC.
En cambio, todo es diferente. Diferente a como era antes, no a como es ahora. Si no, sería todo igual. Misma rutina, mismas horas, mismos instantes.
Inmerso dentro de este pantano, habiendo cortado las cuerdas de los flotadores de mi alrededor, quedándome casi solo, a nado. Respiro. Y no deja de entrar agua. Agua limpia, agua de lluvia y aguas residuales que siguen llenando y llenando sin parar. Respiro.
Y necesito cuerdas, necesito flotadores que me mantengan arriba en la superficie. Que se anuden bien fuerte a mi persona y que se suavice la entrada de agua.
Que salga el sol y seque este humedal. Que ya se va la primavera y no la he vuelto a disfrutar, que llega el verano sin más horizonte que el asfalto derretido de la ciudad.
Y que tú, que te he dejado a un lado, no me olvides y no me lo tengas en cuenta. Y que al final de la vida hayamos recuperado todo y nos salgan las cuentas.
Volviendo al principio, seguro que algunos os lo podéis imaginar, queda menos… ¡Aguante!
Liberación
Frente al televisor se marchitan,
viviendo la vida de otro.
Opiáceo placer, ¡qué alboroto!,
los chillidos en su casa habitan.
Del sofá a la cocina,
con cuenta atrás, dictada la pausa.
No te pille en el retrete, tu causa,
y no puedas «rajar» con la vecina.
De la edad y los estudios
de los tuyos, te olvidas.
Tres generaciones de famosos conocidas,
hasta sus ocasos, desde sus preludios.
Levántate y anda, sal a la esquina,
sé libre, huye de una vida mezquina.
La espera
Ese instante eterno que va desde el inicio hasta el final, ese efímero paso del tiempo que transcurre entre la desesperación, la impaciencia, la ilusión y el pánico.
No importa el motivo ni el lugar, cuando aparece no hay botón de emergencia que permita que se apague. No está programado para ello, su función es otra, sus consecuencias conocidas y su tiempo incontrolado por nosotros mismos.
Sudores, agitación corporal, mal humor e irritabilidad. Nerviosismo que se contagia, movimientos que alteran el entorno. Estrés y prisas en un mismo cóctel, sin hielo ni aderezos.
Resulta que no estamos preparados para esperar, necesitamos las cosas aquí, ya y ahora. Se ha perdido el encanto del trayecto, del camino en solitario o acompañado en equipo. La tensión generosa del ¿qué pasará? ha dado paso al ¿qué pasó? y a veces ni eso. No interesa nada más que el final.
Necesitamos que cuando algo pueda ocurrir, ocurra. Si nos tienen que llamar que nos llamen, aunque la llamada lleve una carga negativa. Queremos la inmediatez, el momento. Y con eso dejamos de vivir la inmediatez y el momento. Estamos pensando en el futuro mientras estamos en el presente, ya pasado.
Hay esperas largas y que nos gustaría que fuesen más cortas, pero mientras esperamos, pasa la vida, pasan los momentos que, aunque no esperemos, esperamos hasta la espera final.
Y al final, aunque no esperemos, nada nos acabará esperando.
Aprendizaje
Despertamos, sin haberlo pedido, nunca nadie nos preguntó.
Desde entonces vamos asimilando conceptos. Unos por pura naturaleza, otros por observación y la mayoría por imposición. A base de triunfos, mediante recompensas y cometiendo muchos errores. Todo formando un todo global que te forma para todo, o para casi todo.
Llevamos toda nuestra vida preparándonos para afrontar el mundo. Para trabajar, para relacionarnos, para “comportarnos” … para la vida misma. Pero nunca nos han preparado para el resto.
Y eso, que no hay que ser de ciencias, para tener claro que 1-1=0. Quizás como siempre nos lo enseñaron con euros, manzanas o distraído entre ecuaciones más complejas, no seamos realmente conscientes de ello.
Ningún maestro nos lo explicó nunca de la manera más real y dura que hay. El mejor de los ejemplos, el más claro. Cuando 1 deja de ser un número y el que resta es uno mismo o tu compañero que también es uno.
Aquí no hay enseñanza previa, ésta es la única enseñanza que hay y cuando llega no se quiere asimilar, no se puede. Por lo que la enseñanza tal y como viene se va, y aunque con el tiempo vuelve la maldita clase magistral, todo sigue. Hasta que deja de seguir.
Nos iremos, sin haberlo pedido, nunca nadie nos preguntará.
Necesidad
Necesito, necesitas.
Sentado viendo como al pasar,
sin parar,
se convierten en pasajeras las visitas.
Necesito, necesitas.
Tratando del tiempo alargar,
sin abusar,
buscando relaciones fortuitas.
Necesito, necesitas.
Mientras el aire pueda respirar,
al despertar,
y con la vida dormitas.
“Y me he quedado solo, sin despegar los labios en mi sitio.”





