
Y mientras la tormenta zarandeaba el barco, la oscuridad la rodeaba.
Locura fué salir a navegar sola y locura fué no poner proa a puerto con los primeros vientos.
Cuando oraba ya por su alma, la vió: la luz cegadora y celestial, marcando la línea de costa.
Tres horas después estaba exhausta y llorosa, tirada en cubierta, refugiada en un espacio seguro, mientras observaba, a lo lejos, la imponente figura de aquel faro que la sacó de la oscuridad.
La Renacida
En este punto de la vida, no vale la pena estar dando tumbos sin rumbo, debemos afianzarnos y ser faros para aquellos que viven navegando en la oscuridad.
Los faros aguantan los embates de las olas y siguen en pie dando su luz y guiando el camino a los navegantes.
Manuela Sánchez
No es fácil navegar sin ti. En mi mar de olas, fluir con calma se complica sin tú haz de luz. Sé que en tierra firme me esperas, mi más preciada compañía. Porque siempre serás mi faro, sólo tú, no hay más.
Patricia Delgado
Cuando avistamos el faro llevábamos más de dos semanas perdidos y los últimos tres días sin provisiones. No sabíamos dónde estábamos, pero aquella luz fue una esperanza. Enderezamos el rumbo y llegamos a puerto. Después de aquella aventura no volvimos a ver igual a las pateras cargadas de emigrantes.
Calila
Navego el Guadalquivir
para encontrarme contigo.
Me guían las estrellas,
en ellas confío.
Sevilla entera, me alumbra,
con su reflejo en el río.
Ángel Salgado I
¡Ay, luz de la noche,
alúmbrame!,
que encuentre mi camino.
¡Ay, luz de la noche,
apágate!,
que la luna es mi destino.
Ángel Salgado II
Ningún faro alumbra más que tu mirada.
Ángel Salgado III
Orgullosa construcción sobre el salado acantilado, que brillante en la oscuridad, me acerca a la tierra y me aleja del mar. Solitaria es tu guardia, importante tu deber. Llévame de regreso, hermoso faro. Devuelve mi nave a casa.
Andrés Arance
I
Ella sube al faro cada noche. No espera barcos, espera respeto. Entre el viento y la sal, su grito es luz: “Aquí estoy, firme, sola, y no tengo miedo.” Que tiemblen los que creyeron que solo podían escalar hombres.
II
Las mujeres del puerto cosían redes. Ahora tejen luchas. El faro, antes testigo mudo, parpadea cómplice. Ya no guía marinos: ilumina a las que partieron sin permiso y no piensan volver atrás.
III
Fuerte, como las olas que me quisieron hundir.
Ardo, sin pedir permiso, como faro que guía sin dueño.
Rompo las cadenas que el puerto me tendió al nacer.
Oriento mi luz a otras, para que nunca más naveguen a oscuras.
Anita
I
Siempre Luz.
Siempre guía.
Siempre mi faro de vida.
II
Una noche con sabor a despedida, unas pequeñas risas jugando con la arena oscura de tu playa dormida y tú, alumbrando las pequeñas barquillas, marcando el camino…
III
Azuladas olas que van y vienen
que vienen y van.
Crepúsculo que entretiene,
Espectáculo para esa gente.
La naturaleza para el que lo tiene.
Aguas divinas para los que de ti
sus vientos se beben.
IV
Haz de luz dirigido
dirigiendo el sendero acuoso del destino.
Haz de luz parpadeante
Ojos azules que vigilan al navío y al navegante.
Juanma García
I
El faro sigue brillando, solitario, nadie lo mira. En el puerto, ya no guía barcos, solo ilumina cruceros de lujo y selfies de turistas. El mar, testigo cansado, traga los restos de la pesca artesanal y de una ciudad que vendió su alma por Airbnb.
II
Dicen que el faro es símbolo de esperanza. Pero sus luces no alcanzan a los barrios obreros ni a los astilleros en el paro. En tierra firme, los que mandan están ciegos… y el faro, harto de avisar, ha empezado a parpadear de rabia.
Nemesio Laverde









