Así se resume la tragedia, lo estrambótico, lo exagerado, lo ficticio.
Llamadas de atención de la incultura del fanatismo mentiroso escondido en la masa y que nos arrastra.
Traslado de los Titulares de la Esperanza de Triana, y se oyen estas barbaridades irrespetuosas de mal gusto que consiguen alcanzar un pico de protagonismo extremo tal, que nadie habla de la devoción de un barrio, de un rezo entre lágrimas o de unos ojos vidriosos que rebosantes, dejan escapar la gota que colma el vaso de su fe, de sus recuerdos, de aquello vivido y que dejamos de vivir y vuelve…
Me da igual la Hermandad, el nombre de la Titular o el barrio. El horror no entiende de “barcos”…

¿La pena? Que los cofrades lo permitimos. Estas cosas se arreglan con un pequeño escándalo puntual y el alrededor de este u estos puntuales energúmenos que, utilizando el mundo religioso para dar rienda suelta a su extremo más chabacano, cogiéndolos por las solapas de sus minúsculas y estrechas chaquetas, echándolos tres calles más “para allá” y lo mismo la próxima vez se lo piensan.
Pido perdón a nuestros lectores a la vez que que me lo pido a mí mismo por medir las palabras para no soltar ningún insulto o palabra malsonante ya que no merecen estos “cachos de carne” que nos pongamos a su altura, pero si esto sigue así, y va a seguir porque es lo que produce la incultura de una sociedad cada día más cutre, todo se devaluará y perderá la esencia.
Al final estas cosas me llevan a recordar tiempos pasados cuando me reñían en la Casa Hermandad por subir y bajar escalones con 5-6-7 años y alteraba el silencio exigido una planta superior en un despacho con la puerta cerrada…
Perdonen este desahogo, pero me da miedo pensar lo que nos puede esperar en unos días. Que Dios nos coja confesados.







