
El Betis volvió a demostrar que el Villamarín es un fortín y que la ambición verdiblanca no tiene límites. En un derbi vibrante, los de Pellegrini se sobrepusieron al tanto inicial del Sevilla y le dieron la vuelta al partido antes del descanso, con un fútbol valiente y decidido. La remontada no solo significó una victoria ante el eterno rival, sino que confirmó la sexta victoria consecutiva en Liga y mantuvo vivo el sueño de la Champions.
El partido comenzó con un Sevilla replegado, buscando hacer daño a la contra. Y así llegó el primer golpe. En el minuto 17, un pase largo encontró a Lukébakio, que asistió a Vargas para que este fusilara la portería de Adrián. Un jarro de agua fría para el Villamarín, que enmudeció por unos segundos.
Pero este Betis no se rinde. Apenas ocho minutos después, los verdiblancos tomaron el control y encontraron el empate. Johnny, con una volea espectacular, culminó una jugada colectiva tras una gran circulación de balón. El Villamarín estalló. El equipo había reaccionado con carácter y fútbol.
Con el Sevilla encerrado en su campo, el Betis siguió insistiendo. La paciencia y la calidad dieron sus frutos justo antes del descanso. Una combinación perfecta dejó a Cucho Hernández en el área, y el delantero no perdonó: remate certero y 2-1 en el marcador. El Villamarín era una fiesta.
El gol de Cucho fue más que un tanto; fue un mensaje. El Betis no solo remontaba un derbi, sino que demostraba que tiene mentalidad ganadora y que está preparado para luchar por Europa.
La segunda mitad fue de dominio bético. El Sevilla intentó reaccionar con cambios, pero nunca dio la sensación de poder hacer daño. Isco vio una amarilla que lo dejará fuera del próximo partido ante el Barça, y Pellegrini movió el banquillo para refrescar el equipo.
El Villamarín empujó hasta el final, y el equipo supo administrar la ventaja con inteligencia. Cuando el árbitro señaló el final, la celebración fue total. Ganarle al Sevilla siempre es especial, pero hacerlo con remontada y en plena lucha por la Champions lo hace aún más grande.
Este Betis está más vivo que nunca. La afición lo sabe. Y el equipo, también.








