
Delante,
siempre,
de frente.
Mirar,
jamás,
atrás.
La luz,
seguir,
vivir.
Tu sombra,
tú,
dejar marchar.

by Ángel Salgado Leave a Comment

Delante,
siempre,
de frente.
Mirar,
jamás,
atrás.
La luz,
seguir,
vivir.
Tu sombra,
tú,
dejar marchar.

by Ángel Salgado Leave a Comment

El tiempo libre, ese momento que todos buscamos, es el tiempo en el que vivimos. El resto del tiempo se pierde entre obligaciones, fases de negación y etapas depresivas.
Mientras nos aburrimos, pensamos, mientras nos relajamos, pensamos y mientras pasa todo esto, y pasa la vida, vivimos.
Añoramos, mientras cabalgamos en la vorágine de la maldita rutina, encorsetado en los horarios, las reuniones, las falsas sonrisas y las palmaditas en la espalda; un poco de soledad. El miedo que suscita esa palabra, hace que rehuyamos de ella, sin ni siquiera conocerla ni darle una mísera oportunidad.
Con ella, no hay más que tú contigo mismo. Por lo que si te asusta, te asustas, es que el proceso está en marcha. Es el objetivo.
No podemos tener miedo a los silencios, no podemos rechazar los tiempos muertos, las horas perdidas. Hay que aprovecharlos, hay que exprimirlos y dejarse llevar.
Ser, no actuar. Fuera las máscaras, la ropa de alquiler y los confetis coreografiados. Hay que bailar en público como cuando se está solo en casa. Cantar a grito pelado, como cuando se está en la ducha y reír o llorar como lo haces tumbado en el sofá de tu casa. Ser, y dejarse ser, ser con libertad real.
Me aburro, por tanto pienso, luego existo. Y si sigo pensando, mientras pienso, sigo existiendo. Y aunque no todo lo que pienso llega a materializarse, los pensamientos no paran de fluir y al pensar surgen las ideas. De todas esas ideas, probablemente alguna acabará produciendo algo, lo que sea, fuera de la realidad en la que vivimos.
Y al salirme de mi certera existencia, es cuando disfruto de mi tiempo.
El tiempo libre, ese tiempo para la desconexión y para el relax.
¿Dónde queda?
by Ángel Salgado Leave a Comment
No trataré de vender el sueño americano, que primero sería norteamericano y afinando más, sería de los USA nada más; porque ni eso realmente existe tal y como nos lo han querido vender en una de las mayores campañas de marketing existentes.
Tampoco seré yo quien haga publicidad de las malditas tazas con sus llamativos colores y sus frases hechas. Libretas, bolígrafos y carpetas que te enseñan que si no eres nadie en la vida es porque no quieres.
Porque «querer es poder» y «si te esfuerzas no habrá sueño que se te resista»… Como si la gente no intentara día a día tirar para delante y ser feliz.
Pues si no sois ricos, influyentes, admirados, elocuentes… es porque sois unas mierdas, según el señor maravilloso.
El movimiento se demuestra andando, sí. Pero por mucho que andes no puedes llegar a todos los sitios andando. Partiendo de esa premisa básica, no nos engañemos y no te dejes engañar. Porque si lo hacemos y nos dejamos, lo acabaremos pagando.
Resulta muy triste ver el abandono al que se someten nuestros más sentidos, y sufridos, pensamientos. Cómo se trata de anular su existencia y cómo nos evadimos ante su presencia. Nos molesta y por eso hacemos como que no existen.
Pero, llegado el momento, no hay caparazón que lo detenga. Y como no estamos preparados para tanta dureza, caemos rendidos ante su poder. Doble derrota, la derrota en sí misma y la derrota al verte derrotado sin previo aviso.
Huimos de la frustración porque no sabemos afrontarla. Pero sabemos hacer integrales de segundo grado y resolver castillitos de fracciones. Y, por supuesto, cómo se calcula la raíz cuadrada: dándole a un botón en una calculadora.
No entendemos la empatía, porque nunca la hemos tratado. Pero aprendimos los ríos de norte a sur y todas sus desembocaduras. Aunque luego, se nos hayan olvidado, y cuando viajamos no sepamos qué río, ya seco, atravesamos.
Sabemos de la existencia de la muerte, pero solo le damos valor a la vida cuando alguien cercano muere. Horas de catequesis y religión obligatoria para salvar nuestras almas cuando ya no estemos, pero mientras estamos, ¿quién nos las salva?
Y que no sirva esto que escribo, para denigrar estos conocimientos, pero sí para poner en un lugar más importante otras prioridades mucho más vitales.
Olvidamos los valores, las personas, los sentimientos, la fraternidad, la amistad, la solidaridad… Pero tenemos las paredes de casa llenas de títulos universitarios, cursos y másteres caros que no te sirven de nada.
Nacer, crecer y morir. Sin esperar nada más que poder vivir.

by Juanma García Leave a Comment
Polifacético pero con el prefijo simplificado, sin alardes aunque contundente, arrítmico al compás de los hechos, con la mirada perdida en un objetivo marcado.
Entender de lo que entiende, sabedor de la incultura, inculto en un mar de dudas, dudas que deambulan, deambular en lo sabido.
Capacitado en la incapacidad, superhéroe sin poderes, autónomo sin autonomía.

Preciado desprecio el que recibe y por el que se desviven en el pasotismo más absoluto. Indiferencia diferente, muy diferente…
Las contraindicaciones indicadas son las que mandan y marcan, saltan y calcan gestos, movimientos y actitudes. Oleaje de ese mar sin dudas. Cuestión de percepciones, indicaciones sin predicción.
Amor en venta, tenderete montado sin vender. ¿A amar a la amarería? Que me quiten lo bailao…
Pretensiones sin tensiones, con la tensión baja como baja está la mar. Mar de dudas o sin ellas, ¿se hace camino al nadar?
Dejen que mis disparos sin balas, derroten y destrocen al agigantado molino, sin aspas ni viento, salvo el que más calienta en un frío invierno. Pradera desértica por conquistar. Bandera de mil colores, bandera de la Paz.
Sobre la lectura y la comprensión, que no compresión. Que aunque algunos a veces comprimen para hacer como que escuchan o leen, luego no comprenden absolutamente nada.
Resulta que, en la sociedad actual, vamos tan deprisa que nos quedamos con un simple titular, una foto mal retocada o el primer párrafo de un texto de cinco páginas.
Peor es, cuando aún leyendo el artículo completamente, nuestros ideales no nos dejan comprender lo que hay plasmado con letras sobre el papel. Cuando aunque ponga «sí», nuestro cerebro lee «no». Dejamos de comprender, o de querer comprender, porque, ¿quién sabe si lo que leemos nos hará mejor? Da igual, yo pienso así y así seguiré, nunca cambiaré…
De una alabanza, jugando con el doble sentido de un verbo que lo permite, a entender una crítica feroz con caza de brujas.
Por desgracia, nada se puede hacer, y no seré yo el que lo intente, porque como ya he dicho, nadie habrá llegado hasta esta línea.Y el que lo haya hecho, seguramente o no me haya entendido o al no estar de acuerdo, no haya hecho nada por tratar de comprender lo que trato de explicar.
¡¡Ah!! y cabe la posibilidad que sea yo un mal emisor, eso no está descartado. Y ésto seguro que se ha comprendido perfectamente.
