El día que nací fue el momento en que todo empezó. Se notaba que la matrona y las enfermeras la tenían tomada conmigo. Es evidente; lo primero fue golpearme hasta hacerme llorar. Tuve, pasados dos días, que disimular ser mayor para que me dieran el alta y zafarme del control que sobre mi gran persona ejercían.
Pasaban las horas, los días y todos mis familiares con la puta costumbre de observarme. Todos sus piropos, chistes y palabras bonitas eran rotundamente falsas, sólo las usaban para acercarse a mí, que yo soltara una risa y así tenerme vigilada.
La vida pasa y los cuchillos de vuestras miradas se clavan en mi. No hay día que pase sin una mirada de control, un mal gesto o saludos vacíos esperando saber de mí.

sin lugar a dudas nada de lo que te diga te vale, nada de lo que hayas visto te vale, pues gracias a ti hoy me apetece hacer una crónica radical, una de esas que yo siempre evito, pero hoy me apetece escribir bufanda en mano, bandera al aire y con mi Sagrada Casaca Blanca puesta. Sí, hoy toca la camiseta de la final de Madrid, dónde sonó la Sinfonía más grande jamás compuesta como nunca. Allí recuerdo a un jovencito espigado con una bandera de Andalucía acercándose a la grada nervionense en la capital del Reino, y ofrecernos la Copa. Lástima que tengamos que recordar, por cuarta vez, un aniversario de su muerte…
Cuando llega ese momento del día en el que la luna ya hace rato que alumbra con su luz y el cuerpo te lo va pidiendo o cuando has trabajado toda la noche y es el sol el que acompaña ese período; cuando eres tú el que recurres a él sin necesitarlo o cuando sin darte cuenta, sin haberlo ansiado siquiera, se apodera de ti… En cualquier caso, tu vida se paraliza mientras el mundo sigue su rumbo. Alguien ha hecho algo increíble y tú no has movido ni un dedo. Han cometido atrocidades y tú te has dado la vuelta. Vidas se pierden a la vez que otras llegan mientras tú sigues sumida por el sueño. ¿Y acaso no ocurre lo mismo mientras estamos despiertos? Si muchas veces, mientras vamos en el autobús, caminando o estamos haciendo cualquier otra cosa, hemos mirado a un desconocido y pensado en las millones de personas que tienen una vida de la que no
Difícil tarea la que me toca. Un mar de dudas revolotean mi corazón. Quizás los 160 caracteres de un sms cualquiera fueran suficiente para expresar lo que siento, incluso los 140 de un tweet me valdrían para no escribir nada coherente.
Necesito que alguien me de fe, esperanza, quizás seas tú, que lees esto, porque no tengo ganas de seguir escribiendo por escribir, por rellenar un espacio que estaba reservado a los goles sevillistas que no llegaron y a un pase que se esfumó …
Santa Ángela de la Cruz, escribió en su (carta anual 1916):