Fuiste pequeño y no quise ver cómo crecías; nunca creí las palabras de todos los que me aconsejaban que mucho ojo que el tiempo pasa volando y que llegarían tiempos difíciles.
Yo me reía de las exageraciones y seguía igual…
Luego llegaron otros tiempos, insospechados ni para mí, ni incluso para los gurús que abrillantaban su bola de cristal con gamuzas estelares que luego…
Las gamuzas, cuales gusanos, desaparecieron para volver en forma majestuosa, sin muchos lujos iniciales aunque pronto, como todo negocio, se vistieron de gala. De gala, de flores, de rayas y a cuadritos pasando de ser un carácter elitista a una vulgaridad extrema.
Jugamos al escondite y ganamos tantas veces que la cortina cada vez era menos traslúcida; te dejábamos pasar pero así, sin mostrarte con grandeza y mira que jugabas tus cartas bien…
Llegaron otros tiempos de cambiamos el escondite por el coger, o el pillar que le dicen algunos y bueno, ya sabéis,… si eres escurridizo y no te acercas mucho, no la quedas nunca.
Y pasó el tiempo y te haces mayor, sabiendo, sobrado, y aunque eternamente juguetón, ya no tenías ganas. Preferías otras cosas, otras amistades, otras reuniones y empezabas a echar de menos todo lo que antes disfrutabas y un buen día, sin dados en los bolsillos, sin fichas por sacar ni seis doble por colocar llegaste, me encontraste, me cogiste y jugaste todas tus cartas aunque los ases ya lo teníamos guardado bajo ambas mangas.

Me pillaste pero, de momento, está siendo un juego sin gracia, pero un juego al fin y al cabo si lo comparamos con las tragedias de otros juegos de rol que hemos vivido.
PD: no sientan frivolidad al leer esto. Respeto máximo y a seguir “palante”.




