Quiero que llegue ese momento de nuevo.
Quiero volver a caerme y quedarme tirado en el suelo, mientras la risa me entretiene.
Quiero volver a no recordar nada y que lo que suene en mi cabeza sean tambores de guerras pasadas.
Quiero que suene el teléfono de casa y responder sin saber quién llama.
Quiero volver a quedar contigo y que no haya llamadas perdidas por el camino.
Quiero levantar la mano para que seamos par y jugar esa pachanga entre dos montañas de mochilas.
Quiero volver a ese primer beso, a esa primera mirada.
Quiero verte caminar de espaldas y salir corriendo a darte un abrazo.
Quiero volver llegar a casa y que huela a casa.
Quiero ese pollo frito con patatas, que tanto me gustaba.
Quiero volver a correr por el césped con la camiseta de mi banda alemana.
Quiero salir del estadio y llegar, de bar en bar, hasta Triana.
Quiero ese «buenos días» que me molestaba tanto, pero que me susurraba mi ángel de la guarda.
Quiero volver a madrugar para coger sitio en la biblioteca.
Quiero que las tardes fluyan, y que amanezca varias veces en mitad de la noche.
Quiero volver a no tener más preocupaciones que la de estar despreocupado.
Quiero, aunque sepa que todo es baldío.
Aún así, seguiré queriendo…
recuerdos
Querido cielo
Querido cielo:
Te envío esta carta a ti que estás más cerquita de ella, a ti que te convertiste en su hogar cuando dejó el nuestro.
No sé muy bien por dónde empezar, no sé si preguntarte cómo está o si nos ve desde su estrella, porque estoy segura que mora en una de ellas, que tiene su lugar privilegiado,un balcón con vistas a su niñez, a sus años felices allá en la sierra, pero se que hay otro reservado para ella. Uno desde el que nos ve y nos aconseja. Creo que es desde ahí mismo desde el que me manda las fuerzas cuando flaqueo, desde donde me escucha cuando lloro en silencio. La que me ve cuando me arreglo y me dice que guapa está mi niña. Desde ahí me sigue diciendo que estoy mejor con el pelo recogido y la cara despejada, desde donde cada vez que digo «deo» en vez de «dedo» me echa esa mirada que me hace rectificar.

Querido cielo, no dejes que nunca nos olvide y a mi que siga agarrándome fuerte de la mano como lo hace desde que se marchó. No quiero escribirle a ella porque no soy capaz de que las palabras me lleguen a mi cabeza, se me atoran aquí, en la garganta, con sentimientos tan fuertes que no puedo. Dile que añoro su forma de secarme el pelo, que echo de menos sus historias de niña, sus risas y sus complejos de una clase inferior a la que creía pertenecer, pero que yo siempre le defendía que no era así y ella me dejaba por imposible. Yo era su nieta vehemente, cabezona, luchadora, un poco arisca, también es verdad, la que planeaba los vestidos para que ella me los hiciera con tres meses de adelanto. Mi hermana era la indecisa, la que un día antes decía «este es el que quiero» y ella no dormía si hacía falta para que su niña lo luciera.
Querido cielo, permítele que siga abrazándome por las noches, sintiendo que la tengo aqui a mi lado, tan cerca.
Permítele que vea sus campos y también su tierra, que me enseñó a querer desde pequeña. Permítele estar con su hijo,mi tío, al que yo ni siquiera conocí porque se fue mucho antes que se fuera ella, al que lloraba cada día y cada noche como si con eso volviera.
Querido cielo, dile que la quiero mucho, que la añoro en cada paso… Que si viviera… Y conociera a sus bisnietos seguro que se le ensancharía aún más ese alma blanca que tenía. Querido cielo, dile a mi abuela que fue mi ejemplo y será siempre mi bandera.
Pendiente
Dicen que no puedo vivir sin ti, dicen que eres necesaria para mi persona. Como una especie de batería adosada a mi cuerpo. Sin ella no podría caminar, mis manos no escribirían y mis ojos no parpadearían.
¿Cómo le explico yo a alguien todo esto? ¿Cómo hago para que me entiendan si ni yo mismo me entiendo?
Subir para luego bajar más rápido, con menos ganas y cansado de estar de nuevo abajo. Casi vencido por otro intento sin intentarlo. Una vez más, solo al frente del cañón y con el cañonazo en pleno estómago acomodado.
Pero estás ahí, omnipresente y transparente. Con la doble transparencia, sin filtros y sin verte. Siempre para lo bueno y para lo malo. La guía sin estrellas michelín, pero repleta de reseñas de grandes tascas, con serrín en el suelo.
Recuerdo pequeños escarceos, a plena luz del día, sin furtivismo y con alevosía, mucha alevosía. Que para disfrutar del zumo, hay que exprimir bien todo el jugo. Y luego está la piel y los grumos, todo suma, todo aporta.
No espero nada, solo estaré pendiente de que sigas pendiente de mí, mientras todo sigue pendiente.
Dependiente.
Regreso al lugar del crimen
Regresar al lugar del crimen y escribir sobre ello solo puede acarrear lo que ayer me pasó: cuando fui a subir el post se fastidió el invento.
Y es que hay cosas que mejor no remover porque pueden traer consecuencias negativas; ayer regresé al lugar del crimen de tantos y tantos chavales a los que la sonrisa con la que entran, se la van cambiando por estrés, ira, rabia, dolor, llanto, impotencia y agresividad. ¿Y todo para qué?
Me dicen, me comentan, me comentan… que mi actitud y mi forma de pensar cambiará. Es posible…
Ayer regresé al lugar de un crimen continuado donde los criminales disparan saetas académicas que se te clavan hasta en el corazón.
Ayer regresé y, aparentemente, poco o nada había cambiado. Eso, aparentemente…
Por suerte no conocía a nadie por los pasillos; no es que me haya vuelto introvertido o algo parecido, no, es señal de que los años pasan y nosotros hacemos uso de él para huir.
‘Quisiste entrar y ahora no puedes salir’ quizás sea el slogan más acertado en años…
Y claro, superar el trauma cuesta, tanto que, ayer, por las cosas del destino cuando me disponía a postear unas palabras parecidas a las de hoy, todo se fue al garete.
La cafetería no es la misma, la copistería tampoco, aunque alegra ver que hay algunas personas que te llaman por tu nombre cuando han pasado varios años, con todos sus meses y semanas y días y con todos los miles de personajillos que pasan continuamente por delante de sus caras. Eso es buena señal…
No os aburro más con mis batallistas de abuelo cebolleta y me marcho con una advertencia pública: el café se sigue haciendo con el mismo calcetín usado de antaño.
Cada momento
Recuerdo que disfrutaba meditando sentado en cualquier lugar, bajo un árbol, en una plaza o en su cama antes de irse a esperar el día siguiente. Muchos momentos consigo mismo, con largas conversaciones internas con sus preguntas y sus respuestas, con diálogos y sus batallas verbales, siempre acababa derrotado por sí mismo.
Echaba de menos los momentos en los que sobraban las palabras porque todo salía del corazón, tertulias limpias y puras. Días en los que las miradas y los gestos fluían sin dobleces a su alrededor.
Agachaba la mirada mientras intentaba olvidar esos otros momentos en el que por más palabras que se decían nada tenía sentido. Todo era tan enrevesado que la mentira nunca se convertía en verdad y aunque hubiese sido todo cierto nunca llegaba a importar.

