Quiero que llegue ese momento de nuevo.
Quiero volver a caerme y quedarme tirado en el suelo, mientras la risa me entretiene.
Quiero volver a no recordar nada y que lo que suene en mi cabeza sean tambores de guerras pasadas.
Quiero que suene el teléfono de casa y responder sin saber quién llama.
Quiero volver a quedar contigo y que no haya llamadas perdidas por el camino.
Quiero levantar la mano para que seamos par y jugar esa pachanga entre dos montañas de mochilas.
Quiero volver a ese primer beso, a esa primera mirada.
Quiero verte caminar de espaldas y salir corriendo a darte un abrazo.
Quiero volver llegar a casa y que huela a casa.
Quiero ese pollo frito con patatas, que tanto me gustaba.
Quiero volver a correr por el césped con la camiseta de mi banda alemana.
Quiero salir del estadio y llegar, de bar en bar, hasta Triana.
Quiero ese «buenos días» que me molestaba tanto, pero que me susurraba mi ángel de la guarda.
Quiero volver a madrugar para coger sitio en la biblioteca.
Quiero que las tardes fluyan, y que amanezca varias veces en mitad de la noche.
Quiero volver a no tener más preocupaciones que la de estar despreocupado.
Quiero, aunque sepa que todo es baldío.
Aún así, seguiré queriendo…
Fuerzas negativas
Pensando en este escrito me llega a la mente la canción “Quién manera mi barca”, mientras camino por el lado oscuro de una calle poco alumbrada, al calor de una noche que empieza a despedir al fin de semana.
Pensando en este escrito mientras contemplo mi sombra proyectada sobre la pared de mi izquierda, siempre a la izquierda, recuerdo el motivo que me ha llevado a reunir estas palabras. ¿No os ha pasado nunca nunca qué estáis haciendo cualquier cosa o incluso sin hacer nada y se nos tuerce el carácter y entrar en cólera? He de reconocer que me pasa.
El problema de esta reflexión, o del estado de ánimo que os describo no es el hecho en sí, si no que ya todo es un conflicto, un problema y lo torcido de no ser se vuelve más y más retorcido…

Ustedes se preguntaréis pues lo mismo que yo, ¿por qué?¿qué te/me ha pasado? Y ahí viene la sorpresa: NADA.
Explicaciones no tengo, pruebas menos aún pero sólo cabe pensar en el efecto de unas fuerzas negativas que inundan nuestro sentir allá cuando nada pasa y todo lo vuelve n de un gris oscuro que bien podría protagonizar los entresijos de una cueva bien recóndita en un bosque muy frondoso a altas horas de la madrugada.
Cómo explicación no tengo y ganas tampoco, lo mejor es resolver el entuerto de una manera práctica: buenas noches y hasta mañana.
Honda respiración
Escucharte entre las olas chocar con la escollera al zarpar es milagroso; gritos, alarmas, el puerto, la venta, el gentío se apoderan de los sentidos y casi no puedo sentirte mía.
Adentrarte en alta mar mientras un anaranjado atardecer se vira en nocturnidad y la ceguera se hace real. Una catarata se presenta delante de ti y no existe ninguna caída de agua que pueda alterar el rumbo.

Echar el ancla allá donde la propiedad solo se escribe la N mayúscula de Neptuno y apoyarte sobre el mástil de la vela mayor con un viejo cuaderno y un lápiz que encontraste en tu camarote, entre aquellas cartas que jamás enviaste.
La Luna alumbra cada palabra; el viento se detiene expectante a ver si le dedicas alguna frase mientras la tripulación reposa los estragos de los excesos de ron.
“La Luna me está mirando y acariciándome el pelo y yo le he dicho que el cielo, puede quedarse esperando…”
Me acuerdo del maestro y mientras tarareo su cuarteta, caigo en la cuenta de tu existencia; estás ahí siempre, incuestionable, impertérrita en cada momento, sin embargo, en noches de paz como la que habito, te siento, te deseo, haces que mi soledad no sea tal. Dejas de ser involuntaria y te acompaño en tu devenir. Tú y yo siempre juntos y más en este preciso momento. Te siento, te apoderas de mis actos mientras mis ojos caen como cortinas de bien teatrillo.
Bendita y honda respiración que me llena de vida.
Microrrelatos del patuco y la estampita
Sentado a la sombra del olivo, cansado tras el duro jornal. Se le acercó un hombre reflexivo, que iba rumbo al manantial. ¿Dónde va usted peregrino? Voy buscando mi camino. Entonces, ¿perdió usted la fe? Cuando dudo, miro hacia Él. Se marchó sin mediar más palabra, dejando tras de sí un sendero que se labra y un rastro de frenesí.
Ángel Salgado

A ti mi ángel que vuelas arriba, donde los ángeles moran prestándote sus alas para bajar a la tierra. A este zapato que ocuparon tus pies y que hoy me encomiendo a ellos como si de un altar se tratara. A ti mi guardián eterno, mi vida ya muerta sin ti en esta tierra de infierno.
Mayte Valverde
¡Te ahogas en un vaso de agua!
La necesidad de resolver que hoy no tiene la juventud será la ruina del futuro.
¡Sé tan resolutivo como los Llanes! Necesitan un atril para poner su foto y dejaron descalza de un pie a la pequeña. Optimizar los recursos le llaman.
Juanma García
La incertidumbre
Cuando la incertidumbre llama a tu puerta, los cimientos de la templanza se desmoronan sin miramientos. La cabeza centrifuga, como si de una lavadora se tratara, todos aquellos pensamientos que un día tuvieron cabida en lo racional de tu cerebro.
Y aparece esa parte inconsciente, esa que no sabemos que está pero aporrea el sentido más de lo debido cuando nos despistamos un momento. Así aparece el miedo, así hace acto de presencia el pánico a lo desconocido, así se conforma una realidad paralela a la nuestra que nos acobarda hasta el punto de desaparecer en nuestra comodidad y en aquello que reconocemos como nuestro hogar, como nuestro sitio seguro.

Como arenas movedizas nuestro mundo se tambalea, sin saber si podremos salir adelante aunque estemos de fango hasta el cuello, o si por el contrario nos hundiremos en esa miseria que quiere arrastrarnos al fondo de su cieno.
El cable que conecta con nuestras emociones de repente hace un contacto diferente con nuestro cerebro y se comienza a poner en marcha una maquinaria tan perfectamente imperfecta que nos dejamos llevar allá donde ella desea. La verdad o la mentira, el todo o la nada, el miedo o la valentía, lo bueno o lo malo… Y siempre pesa lo peor.
La incertidumbre no es buena consejera, cuando se nubla la certeza las incoherencias se vuelven realidades y eso te despeña sin piedad por la ladera de la montaña de tus pensamientos.
Sí, la incertidumbre te contrae, te retrae, te incapacita, te arrebata el poder de decisión, te ilegitima para seguir siendo sin más.
Cómo si la vida fuera Carnaval
Llegar a puerto, sea bueno o malo, no siempre implica descanso, sosiego, relax y alguna aventura interesante. A veces, más de las que uno se imaginaba al inicio de este viaje, te encuentras con el mismísimo carnaval de la vida, donde plumajes, tipos, disfraces y tipos disfrazados se ocultan tras una máscara.

Velamen en tensión máxima para aprovechar las corrientes que te lleven a tu X en el mapa implica toparte de bruces con un realidad antes de tiempo; realidad por otro lado que conoces, controlas pero que a veces, te puede llevar a error ya que es fácil cambiar gomillas y máscara y así confundir al más habilidoso marinero.
Dicen los que las usan que todos tenemos una puesta. Permítanme señorías el atrevimiento; jamás he escondido mi faz, mi bella y envidiada faz por cierto, tras un escudado rostro que oculte mis actos, mis palabras e incluso mi forma de ser.
Borracho, aventurero, juerguista y muy directo. Así es este elegante navegante que no esconde sus aires dominantes ni ante usted ni ante ningún almirante. Y sí, aquí me tiene, presto, dispuesto y como siempre muy apuesto; directo y a veces siniestro pero con la verdad por argumento.
En última instancia, y para dirigirse a mi persona no es necesario que la esconda; ¡pórtela! Hace ya tiempo que supe de su calado y aún así, usted piensa en la ignorancia como una cualidad de este pirata.
Tantas caretas, como si la vida fuera Carnaval…
